viernes, 11 de septiembre de 2015

No hagas la cama.

Hacer la cama es una obligación estética que nos impusieron de pequeños. Pero hay algo que nos va a librar de tan ‘duro’ yugo: nada más y nada menos que la ciencia. Porque estirar las sábanas, colocar el edredón y sacudir las almohadas no es bueno para nuestra salud:

lo más recomendable es no hacer la cama nunca

Investigadores de la Universidad de Kingston (Londres, Inglaterra) han llegado a esta conclusión tras analizar la población de ácaros del polvo que se encuentran en nuestros aposentos. Se estima que de media, más de un millón y medio de estos organismos viven en una cama estándar, siempre deseosos de que nos acostemos, ya que se alimentan de nuestra piel.
Los ácaros del polvo son pequeños animales microscópicos, (que miden aproximadamente 0,3 milímetros) y están emparentados con las arañas. Habitan en casi todos los lugares del mundo, prefiriendo las zonas de clima templado y humedad relativa alta.

Uno de sus hábitats es el polvo del interior de las casas.
Como dependen de la humedad, sus lugares favoritos para vivir son colchones, almohadas, peluches, alfombras, cestos de la ropa, sofás… Además, si en esos lugares están en contacto directo con la piel humana, mejor que mejor, ya que las escamas que se desprenden de la epidermis son su alimento favorito.

Así que la cama es su paraíso: un lugar en el que suele haber multitud de restos orgánicos de nuestro cuerpo, y que además está húmedo, por el sudor y el calor que desprende nuestro cuerpo. De esta forma se crea un caldo de cultivo perfecto que hace que los ácaros se reproduzcan de manera exponencial. Esta circunstancia se agrava si la cama se hace pronto por la mañana, sin que apenas haya habido ventilación.

Sin embargo, si dejamos la cama deshecha durante unas horas, las sábanas terminarán secándose y eliminando la posibilidad de que se forme el temible caldo de cultivo. Así que lo que recomiendan los investigadores es dejar la cama sin hacer todo el día, y solo hacerla justo antes de irse a dormir, para que las arrugas no nos molesten (y para que tampoco nos destapemos al mínimo tirón de manta).

la próxima vez que un familiar os diga que tenéis que hacer la cama, recordadle este estudio.