viernes, 30 de enero de 2015

ECONOMIA BUDISTA - Shumaker


Economía Budista: una aproximación espiritual a los asuntos económicos

Los fundamentos filosóficos que caracterizan la economía budista suponen una crítica frontal al modelo de economía moderna occidental. Ideas tan extendidas como “el crecimiento es bueno” o “más es mejor” son descartadas claramente por insostenibles.
La economía budista tiene en cuenta las necesidades humanas y sus limitaciones, proponiendo un control sobre el ansia de querer siempre más. La finalidad es alcanzar un verdadero desarrollo del ser humano en todas sus dimensiones, como ser individual cuya acción va mucho más allá del mero consumo, que actúa en comunidad y se hace responsable de su entorno.
El primer economista que propuso crear una economía basada en los fundamentos budistas fue E. F. Schumacher en el año 1956, que publicó sus ensayos en su obra “Lo pequeño es hermoso”. Schumacher fue a Birmania como miembro del consejo de carbón británico para aconsejar al país en la adopción de un crecimiento al estilo oriental. Tras pasar un tiempo sumergido en las costumbres del país, y entender sus máximas, se dio cuenta de que la economía occidental podría incorporar ideas del budismo para promover un crecimiento más sostenible y respetuoso con la naturaleza, que a la vez pudiese brindar al ser humano el completo desarrollo de sus facultades.
Antes de que rechacen a la economía budista por considerarla un simple sueño nostálgico, quizás aceptarían considerar si es que el camino del desarrollo económico descrito por la economía moderna puede conducirles a los lugares donde ellos realmente desean estar” E. F. Schumacher

El interés individual, el sufrimiento y los deseos

A Humble Reminder. Fuente: __earth vía Flickr
La economía occidental se centra en el interés individual. En cambio la economía budista desafía este concepto con la idea de la inexistencia de un ego permanente. Esto quiere decir que todo lo que uno percibe con sus sentidos trasmite una falsa idea de un “yo” inherente y real. Esto deriva inevitablemente en que se desarrolle una idea de “lo mío”, siendo esta la base del comportamiento egoísta.

El egoísmo no se considera producto de la maldad sino que es un error consecuencia del desconocimiento de la esencia real de las cosas. Es por esto que el ser humano tiene que desapegarse de este sentimiento. La economía basada en el interés personal y con un enfoque oportunista y materialista está condenada al fracaso. En contrapunto proponen promover la generosidad, ya que el ser humano es un actor cooperador motivado por mejorar su entorno. Los individuos y colectividades que cooperan sobreviven, prosperan y funcionan.

El segundo factor que diferencia ambos conceptos es la búsqueda de maximización de beneficios, mientras que la budista enfatiza la importancia de minimizar el sufrimiento. La manera de minimizar el sufrimiento es promoviendo la simplificación de los deseos, de manera que se calme el ansia consumista y materialista y la frustración que conlleva el querer siempre más y lo mejor. Una vez las necesidades básicas del hombre están cubiertas (comida, ropa, refugio, medicinas) el resto de necesidades materiales debe ser minimizado.

El mercado y el desarrollo económico

La visión del mercado y el crecimiento también dista en ambas visiones. Los enfoques occidentales tienen como objetivo maximizar los mercados hasta el punto de saturación mientras la economía budista tiene como objetivo minimizar el daño.  Tienen en cuenta actores primordiales como las futuras generaciones, el medio ambiente y los pobres, que no están correctamente representados porque no gozan del mismo poder que los actores más poderosos y ricos. Es por ello que el mercado no es imparcial y no es representativo de la economía. El concepto de Ahimsa (no cometer acciones que puedan ocasionar daño a uno mismo o a los demás) urge a encontrar soluciones de una manera colectiva y participativa.
Less is more. 
Fuente: 200MoreMontrealStencils 

Desde el punto de vista budista, no hay nada negativo en el progreso económico, a no ser que ese progreso económico promueva el apego a los bienes materiales y la avaricia. El crecimiento económico que conlleva una reducción de sufrimiento es bienvenido, ya que alivia los efectos negativos de la pobreza. Lo que importa en este caso es la manera en que se genera la riqueza, si ésta se genera a través de un trabajo digno y respetuoso donde se fomenta la confianza, permite a los individuos tener una seguridad económica y poder estar libres de deudas, cuidar de sí mismos y de su comunidad. Esto lleva a desincentivar la maximización de beneficios como fin en sí mismo e impulsar la importancia de la producción a pequeña escala, local, adaptable y sostenible.

Economía enfocada en promover el bienestar

Una economía budista considera que el consumo es un medio para el bienestar humano. El objetivo se trata de maximizar el bienestar con un consumo mínimo.
Templo budista en Shanghái. Fuente: Ana Paula Hirama 

El trabajo debe ser debidamente apreciado y darse con unas condiciones dignas, de manera que impulse al hombre a producir, dar lo mejor de sí mismo y desarrollar su personalidad. La liberación que supone para el hombre dejar de estar enfocado exclusivamente a maximizar sus ingresos y destinar su tiempo a largas jornadas laborales, le permite tener más dedicación a actividades que repercutan en el bienestar de la comunidad. La persona que se puede ganar la vida con un trabajo digno, puede invertir su tiempo también a fortalecer los lazos que lo unen con el resto de individuos de su comunidad. Está demostrado que la inversión en las relaciones interpersonales tiene un impacto positivo en el bienestar.

El concepto de Producto Nacional Bruto (PIB), incompleto para medir el bienestar, es sustituido por la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Este indicador mide el bienestar y la felicidad a través de varios factores como el bienestar económico, el ambiental, la salud física y mental y el bienestar laboral, social y político.
 Porque la cuestión no es la elección entre «crecimiento moderno» y «estancamiento tradicional». La cuestión más bien radica en encontrar el camino correcto de desarrollo, el Camino Medio entre la negligencia materialista y la inmovilidad tradicionalista. En pocas palabras, encontrar «Los Medios Correctos de Subsistencia»” E. F. Schumacher
Teniendo en cuenta la época en que las ideas de Schumacher fueron planteadas, se puede considerar que transmiten propuestas que en su mayoría son totalmente vigentes hoy en día como la importancia de las energías renovables, pensar más allá del PIB, promover el comercio local y una producción eficiente. En una economía budista se busca pues el consumo óptimo, no el máximo.

La manera en que experimentamos e interpretamos el mundo depende mucho del tipo de ideas que tenemos. Si las ideas son principalmente débiles, superficiales e incoherentes, la vida parecerá también insípida, aburrida, insignificante y caótica. La economía budista defiende la idea de una economía que permita al hombre desarrollar sus facultades y liberarlo del deseo de querer siempre más. Para el desarrollo de estas facultades se requiere una revalorización de lo que verdaderamente satisface al hombre y una limitación de los deseos sin sentido, donde la óptima asignación del trabajo permita estar en un equilibrio y gozar de un nivel de bienestar con lo que se tiene.

¿Sería posible aplicar los preceptos de la economía budista en occidente? No te pierdas la genial respuesta de E. F. Schumacher.

Zumo de naranja y otras basuras

Tu zumo de naranja "natural" puede tener hasta 2 años y otras incómodas verdades alimenticias que desconocías


Cualquiera sabe que el zumo de naranja envasado no es comparable al natural que podemos hacer en casa. Aunque en la botella ponga ‘100% natural de naranjas recién exprimidas”, su sabor, textura y olor es completamente diferente al que podamos hacer nosotros mismos directamente de la fruta.

Pero pocos saben que ese zumo ya hecho podría tener hasta dos años de edad. Esa es la incómoda verdad que revela el último libro de critico Daniel Tapper, responsable de la sección de comida y bebida del diario británico The Guardian.

En ‘The Food Unwrapped’ el autor muestra los trucos que la industria alimentaria utiliza para manufacturar la comida que llega a nuestros platos. Muchos de ellos, pura y llanamente asquerosos.
Zumo de naranjaZumo de naranja

Zumo atávico
Por ejemplo, el citado zumo de naranja. Para hacerlo, las empresas exprimen el jugo a las frutas, y lo calientan a 95 grados durante unos segundos, para a continuación añadir nitrógeno para contener la oxidación del liquido. Tras bajar la temperatura a la mezcla resultante, se almacena en gigantescos tanques en los que puede caber hasta 40 millones de litros.  Muchísima cantidad que, sí, tarda dos años en venderse. Así que es posible que el zumo que hayas desayunado hoy date de 2013.

Daniel Tapper alerta de que este sistema hace que la fructosa del zumo industrial sea mucho mayor que la que puede haber en los preparados caseros. Esa sustancia, el azúcar de las frutas, es sintetizada en el hígado y convertida en grasa. Por lo tanto, si hay mucha, no solo nos engordará, sino que también nos podría provocar problemas cardiovasculares, obesidad o diabetes.

Mucho ojo con los productos ‘con sabor a’
Aunque hay fruta de sobra en el mundo para que las compañías alimentarias aderecen sus productos, muchas veces éstas prefieren decantarse por potenciadores del sabor o condimentos que tienen muy poco de frutales.

Tapper pone un ejemplo repugnante: muchas veces para dar aroma y sabor a frambuesa, se utiliza un compuesto químico llamado castóreo. ¿Su origen? Las glándulas odoríferas que tienen los castores cerca del ano. 

Otro sabor muy popular, el de fresa, no tienen nada que ver con lo que intenta imitar. Su formula está compuesta por furanyl (un producto proveniente del azúcar cocinado, que huele como la carne quemada), cis-3-hexenal (un liquido incoloro que proviene de la menta destilada) y el acetato de 2-metilbutilo (un químico presente en el tabaco y en la cerveza).


Quesos que no tienen nada de queso
Tapper no da nombres, pero advierte que muchos productos que llevan la etiqueta ‘derivado del queso’ o ‘comida con sabor a queso’ no tienen ni siquiera un 10% de este producto. Para su fabricación han sido usados productos químicos. También advierte que algunos quesos industriales son en realidad un 60% de agua mezclada con una pasta base hecha con una especie de harina que en origen fue queso.

Comida sana que no es tal
Otra de las áreas por donde ataca el autor es la comida supuestamente sana. Tapper denuncia 5 tipos de alimentos que en realidad que no son para nada tan saludables como se anuncian.

El primero de ellos es el muesli industrial. Aunque para muchos es su opción favorita para desayuno, esta combinación de distintos tipos de cereales, miel y fruta contiene una enorme cantidad de azúcar y sal, muchas veces casi más de la mitad de la cantidad recomendada para un adulto.

También advierte sobre los productos bajos en grasas. Muchas veces, para compensar la falta de grasa se aumenta el nivel de azúcar y de sal. El mejor ejemplo de ello son el fiambre de pavo y el jamón de york light.

Mucho cuidado con los cereales procesados 
Mucho cuidado con los cereales procesados


Barritas energéticas. Aunque son vendidas como una especie de bomba de nutrientes, en realidad deberíamos verlas como una especie de chuchería que engorda mucho en muy poco tiempo. Su principal problema es la gran cantidad de azúcares añadidos, que la convierten en toda una bomba calórica.

El yogur helado. En las grandes ciudades españolas han proliferado en los últimos años las franquicias de este tipo de alimentos, que se venden como sustitutos menos engordaste de los helados tradicionales. Pero aunque puedan tener menos azúcar, en realidad tienen más grasa, o viceversa. Así que al final el efecto que provocan sobre nuestros cuerpos es el mismo que un cono  de toda la vida.

Alimentos probióticos. Otro boom que estamos viviendo. Pero hay un problema del que nadie nos ha hablado: al meter estos alimentos en la nevera, estamos acabando con las bacterias que hay en ellos, así que nos perdemos el beneficio que supuestamente tienen.

sábado, 24 de enero de 2015

LA VITAMINA C en los alimentos EN CAIDA LIBRE

¿Por qué una manzana de la década de 1950 equivale a cien manzanas de hoy?

Terraeco.net

Con el aumento de los rendimientos agrícolas nuestros alimentos se han convertido en cáscaras vacías … de nutrientes. ¿Cuántos melocotones, naranjas, brócolis hay que comer para recuperar los beneficios de hacer medio siglo?
  Dar un buen mordisco a un melocotón y tragar… agua azucarada. 

Comer cada vez más para alimentarse cada vez menos. Mientras que en los países desarrollados aumenta nuestro aporte en calorías, la mayoría de alimentos no transformados que comemos (fruta, verdura y cereales) se convierten en cáscaras vacías desde el punto de vista nutritivo. Una decena de estudios de universidades canadienses, estadounidenses y británicas publicados entre 1997 y hoy demuestran una fuerte disminución de la concentración de nutrientes en nuestros alimentos. 
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Estos trabajos resumidos en el estudio «Still no free lunch» de Brian Halweil, investigador del Instituto Worldwatch Institute confirman el auge de la «caloría vacía»: grasa, azúcar, pero inútil para la salud. Incluso en el caso de los alimentos que se consideran sanos las vitaminas A y C, las proteínas, el fósforo, el calcio, el hierro y otros minerales u oligoelementos se han dividido por dos, por veinticinco e incluso por cien en medio siglo. ¡Para volver a encontrar la calidad nutricional de una fruta o verdura de la década de 1950 hoy habría que comerse media caja de esa fruta o verdura!

Vitamina C: una manzana ayer = 100 manzanas hoy

Antaño, cuando nuestros abuelos comían una manzana transparente de Croncel, comían 400 miligramos de vitamina C, indispensable para la fabricación y reparación de la piel y los huesos. Hoy los supermercados nos propone cajas de manzanas Golden estandarizadas que solo nos aportan 4 miligramos de vitamina C cada una, esto es, cien veces menos. «Después de décadas de crecimiento la industria agroalimentaria ha seleccionado las verduras con mejor aspecto y las más resistentes, pero rara vez las más ricas en el aspecto nutritivo», se lamenta Philippe Desbrosses, doctor en Ciencias Medioambientales de la Universidad París-VII y militante de la preservación de las semillas antiguas.

Vitamina A: una naranja ayer = 21 naranjas hoy

La vitamina A, que es preciosa para nuestra vista y nuestras defensas inmunitarias, está en caída libre en 17 de las 25 frutas y verduras examinadas por unos investigadores canadienses en un estudio sintetizado por CTV News. La decadencia es total en el caso de la patata y la cebolla que hoy ya no contienen ni el menor gramo. Hace medio siglo una sola naranja cubría casi la totalidad de nuestras necesidades cotidianas (el famoso aporte diario recomendado) de vitamina A. Hoy habría que comer 21 para ingurgitar la misma cantidad de la preciosa vitamina. Del mismo modo, un melocotón de la década de 1950 equivale hoy a 26 melocotones.

Hierro: la carne contiene dos veces menos

En el inicio de la cadena está el cereal. El trigo, el maíz y la soja son hoy más pobres en zinc, cobre y hierro que hace cincuenta años. Empobrecidos por décadas de agricultura intensiva y de selecciones de variedades, estos cereales reaparecen en los comederos de nuestros animales que, a su vez, están peor nutridos que sus antepasados. Al final de la cadena el animal convertido en filete aportará menos micronutrientes en nuestros platos. Este es el efecto dominó identificado por el investigador estadounidense David Thomas. En su estudio [1] publicado en la revista Nutrition et Health, constata que un mismo trozo de carne del mismo peso aporta dos veces menos hierro que hace medio siglo. 

Otro daño colateral: la leche «ha perdido esos ácidos grasos esenciales», deplora Philippe Desbrosses. Estos ácidos son esenciales para nuestras membranas celulares, nuestro sistema nervioso y nuestro cerebro. Como de forma natural están presentes en muy pequeñas cantidades en nuestro organismo, nos los debe aportar nuestra alimentación.

Calcio: cuatro veces menos en el brócoli

Malas noticias: si el brócoli figura en la lista de las verduras que usted solo puede tragar pensando en su salud, no se han terminado las caras de asco. Mientras que en 1950 esta col venida del sur de Italia contenía 12,9 miligramos de calcio (aliado de la construcción ósea y de la coagulación de la sangre) por gramo, en 2003 solo contenía 4,4 según un estudio de la universidad de Texas, esto es, cuatro veces menos. Si usted contaba con él para compensar la falta de hierro del filete, también eso falla. Necesitaría echar seis veces más a la sopa para obtener los mismos beneficios que antes. De las 25 verduras estudiadas por el equipo de investigación canadiense, un 80% han visto disminuir su cantidad de calcio y de hierro.

¿Es lo biológico una solución?

Las causas de este declive son múltiples. Los suelos más pobres, la verdura se cosecha demasiado pronto, unos tratamientos de conservación más frecuentes, un crecimiento más rápido dopado por los abonos y una reducción de la cantidad de variedades seleccionadas por su resistencia a los parásitos y su rapidez de crecimiento, todos ellos son elementos imputables a la búsqueda de un mejor rendimiento. Resultado, «en el caso del maíz, el trigo y la soja, cuanto más importante es el rendimiento, más débil es el contenido de proteínas», señala Brian Halweil en su estudio. Lo mismo ocurre con las concentraciones de vitamina C, de antioxidantes y de betacaroteno en el tomate: cuanto más aumenta el rendimiento, más disminuye la concentración de nutrientes.

Por el contrario, «la agricultura biológica puede contribuir a invertir la tendencia», indica Brian Halweil en su estudio. De hecho, en condiciones climáticas equivalentes «los alimentos bio contienen significativamente más vitamina C, hierro, magnesio y fósforo que los demás». Sin embargo, el investigador advierte: «Si los agricultores bio desarrollan un sistema rico en factores de producción con unos rendimientos comparables a las explotaciones convencionales, lo bio verá disminuir su ventaja nutricional». Del mismo modo, si se recogen los productos bio antes de que estén maduros, al final son menos ricos en nutrientes que los productos maduros de la agricultura tradicional. La única estrategia para devolver la vida a su plato: elegir alimentos maduros, producidos de manera no intensiva y a partir de la caza de las variedades olvidadas. Una epopeya.



Nota:
[1] David Thomas, «A Study of the Mineral Depletion of the Foods available to us as a nation over the period 1940 to 1991», in press, Nutrition and Health; Anne-Marie Mayer, op. cit. Note 32.
Fuente: http://www.terraeco.net/Pourquoi-une-pomme-d-aujourd-hui,58246.html

martes, 20 de enero de 2015

No te hagas analisis medicos - Peor el remedio que la enfermedad

Should we be looking for disease in people who don't have any symptoms? 
A large new study indicates the answer is NO.  
 Cancer $creening Doesn't Save Lives, Meta-Study Reveals
Subject to an increasingly expansive disease screening programs, unsuspecting healthy individuals are being transformed into patients every day. Massive 'awareness raising' campaigns funded by industries that either cause disease by creating and promoting harmful products, or make profit from the diseases by diagnosing and treating them, dominate mainstream culture, with their tentacles reaching deep into both private and public (i.e. governmental) sectors. 

Think of KFC's now defunct "Buckets for the Cure" campaign, or Susan G. Komen's stamp of approval on a Fracking Drill bit supposed to help find a cure. Or, how about our very own Whitehouse saturating itself with Pink light during Breast Cancer Awareness Month

What do these 'awareness raising' efforts have in common? They almost all funnel the miseducated masses into fear-driven screening programs that promise to 'save lives' by 'detecting disease early' instead of focusing on removing and/or lessening the preventable causes of disease. Why not employ real prevention and focus on root cause resolution, which is to say, dietary changes, detoxification, and various modifiable lifestyle factors such as stress reduction -- none of which, incidentally, require pharmaceutical intervention. In the case of cancer, the primary focus should be on removing exposure to cancer-causing agents (carcinogens). 

But cancer awareness raising campaigns intentionally avoud the term "carcinogen," as removal of these primary drivers were an irrelevant consideration. The problem is that conventional treatments like chemotherapy and radiation are themselves carcinogenic, and should be avoided in principle by anyone looking to prevent, treat and/or reverse cancer, undermining the cancer industry's main cash cow for the past half century. Additionally, if you focus on identifying and removing the cause, you can't get people to throw billions of dollars into fund-raising campaigns by promising a cure that only exists as a possibility in the future, and requires ceaseless cash offerings and supplication to the biotech, pharmaceutical and medical 'Gods.'

So, have these disease campaigns met their promises? 
This all important question is now drawing widespread attention following the publication of study in the International Journal of Epidemiology titled: "Does screening for disease save lives in asymptomatic adults? Systematic review of meta-analyses and randomized trials."1
As many of our readers who follow our work are already aware, routine mass screening for cancer in healthy populations commonly leads to overdiagnosis (finding lesions that do not cause harm or death), and when not identified as such, overtreatment (a euphemism to what amounts to succumbing to medical abuse).
Screening also leads to a staggering level of false-positives, with the 10 year cumulative rate for women receiving annual x-ray mammography reaching 50%.  Even when false positives are identified, and the patient avoids unnecessary surgery, radiation, or chemotherapy, research shows that the trauma of the false-positive is as severe as a real positive breast cancer diagnosis, for at least six months following the diagnosis.
Overdiagnosis is exceedingly common primarily because of mistakes in cancer classification based on a fundamental, at least half century old misunderstanding of cancer biology.  

In 2013 the National Cancer Institute commissioned an expert working group to look at present day definitions of screen detected cancers such as ductal carcinoma in situ (DCIS) ('breast cancer'), high grade intraepithelial neoplasia (HGPIN) ('prostate cancer') and thyroid papillary carcinoma (thyroid 'cancer'), with the shocking conclusion that these should be reclassified as non-cancerous, benign growths of epithelial origin. 

Yes, after millions in the U.S. over the past few decades had their breasts, prostates, ovaries, and thyroids removed as a 'precautionary' approach, now they are being told they  never had cancer to begin with. 

In other words, they had abnormal tissue growth that would never have progressed to cause harm or death. But these non-malignant lesions or tumors were treated as if they were life-threatening cancers anyway, with patients often losing their breasts or prostates as a result of medical errors that were disingenuously recorded in cancer statistics as 'life saving' interventions that 'detected cancer early,' resulting in inflating the '5-year survival' rates in a way that appears to show medical progress. These semantical and statistical misrepresentations, are why, absurdly, the cancer industry can announce that they saved over a million lives in the past few decades, when in fact quite the opposite may be true.

miércoles, 14 de enero de 2015

parto natural - BIRD IN NATURE

Publicado el 10 de feb. de 2013

 
This video is of my fourth birth. It was the singular most transforming event of my life and my most conscious act as a woman to date.

WARNING: This video is explicit, especially as it is shot outdoors in broad daylight. If you choose to watch it, please watch it with respect and understand that it is very exposing for me to share myself in this way.

How and why I chose to give birth in nature was much about the inner journey as the outward process ... and equally as powerful. Afterwards I felt like my whole life had been in preparation for that one moment. My sense of wholeness and peace was bigger and deeper than anything I had ever felt before. This feeling only continues to expand and ripple out into my family, my relationships, my life. It has had a profound effect on my mothering and for my children especially.

I give permission to share on blogs or with others, if it feels right for you to do so and is done with love and respect for myself and my family. Please do not re-upload on other YouTube pages.

With gratitude and an open heart.
Simone

Music at end of video is the Gayatri Mantra performed by Deva Premal.

Special mention to just some of my sources of inspiration and education:

Elena Tonetti and http://www.birthintobeing.com
Orgasmic Birth http://www.orgasmicbirth.com
Brandon Bays http://www.thejourney.com
Shivam Rachana http://www.womenofspirit.asn.au
Sarah Buckley http://www.sarahbuckley.com
Rhea Dempsey http://www.birthingwisdom.com.au

domingo, 11 de enero de 2015

sábado, 27 de diciembre de 2014

Vive y deja de comer - secreto de juventud

Que una dieta baja en calorías hace que nuestra vida sea más longeva y tenga más calidad era algo que se sabía desde hace tiempo. Incluso desde hace siglos. 

En tradiciones como la budista o como la china se hablaba de los beneficios de ser moderado con la comida. Pero no ha sido hasta ahora cuándo se ha descubierto la ciencia que se esconde detrás de esta creencia.

Un estudio publicado en la revista Cell y dirigido por un equipo de la Escuela de Salud Pública de Harvard (EE.UU.)  ha identificado en ratones un mecanismo molecular clave que puede ayudar a explicar por qué comer menos puede prolongar la vida.
Bodhgaya, el sitio de iluminación del Buda (Getty)Bodhgaya, el sitio de iluminación del Buda (Getty)


La restricción calórica produce un beneficio a nivel celular: la protección de las mitocondrias de la oxidación. Al igual que ocurre con algunos metales, nuestro cuerpo pierde lustre y se detriora por ese último proceso. Cuando dejamos de comer mucho, en nuestro cuerpo se produce la restricción de dos aminoácidos, la metionina y la cisteína. Este efecto a su vez provoca un aumento en la producción de sulfuro de hidrógeno (H2S), que se relaciona con la extensión de la vida en gusanos, moscas y la levadura. Si se anula la producción de H25, pasa lo contrario: las células se deterioran.

La metionina está presente en una gran cantidad de alimentos, sobre todo en aquellos que son ricos en proteínas, como la carne o el pescado. También está presente en frutas y verduras, pero en mucha menor cantidad. La ubicuidad de este aminoácido esencial hace que para evitarlo, prácticamente lo único que podemos hacer es recurrir al ayuno o la contención calórica.

Los autores del estudio han descubierto que la clave está en la restricción de los aminoácidos. Si la dieta que seguimos se restringe la ingesta de estas dos sustancias, se incrementa la producción de H2S. Esto explicaría que el ayuno o la disminución significativa de la ingesta de alimentos provoque una serie de beneficios sobre la salud, como la protección de la lesión tisular y mejoras en el metabolismo.

James Mitchell, uno de los autores de la investigación, asegura que "los resultados sugieren que el H2S es una de las moléculas clave responsable de los beneficios de la restricción dietética en los mamíferos y en los organismos inferiores”.

Este hallazgo podría ser clave a la hora de comprender e incluso retrasar el envejecimiento humano. Para Mitchell: "hacen falta más experimentos para entender cómo H2S ejerce sus efectos beneficiosos, pero los datos nos dan una nueva perspectiva para dirigir nuestros esfuerzos para combatir las enfermedades y el envejecimiento humano”.

La restricción dietética no solo moderaría el envejecimiento, sino que también previene contra las enfermedades neurodegenerativas, el cáncer, diabetes y diversos problemas cardiovasculares. 

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Una dieta con mucha proteína 
puede ser tan dañina como el fumar
El consumo excesivo de proteína no sólo aparece vinculado a un incremento sustancial en la mortalidad por cáncer sino que las personas de edad mediana que comen mucha proteína de origen animal, incluidas carnes, leche y queso, son más susceptibles a una muerte temprana en general, según esta investigación. EFE/Archivo / EFE

Una dieta con mucha carne y quesos puede ser tan dañina como el fumar, pero un consumo moderado de proteínas es saludable después de los 65 años de edad, según un estudio que publica hoy la revista estadounidense Cell Metabolism.
Los investigadores hicieron un seguimiento de la dieta y las condiciones de salud de una amplia muestra de adultos durante dos décadas y encontraron que el consumo continuado y abundante de proteínas animales hace que una persona tenga cuatro veces más probabilidades de morir de cáncer que alguien con una dieta baja en proteínas.
El riesgo de morir de cáncer es comparable al que corre una persona que fuma.
"Existe la noción equivocada de que, porque todos comemos, es fácil y simple entender la nutrición", señala el autor principal del estudio, Valter Longo, profesor de la Escuela de Gerontología y director del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California, en el suroeste de EEUU.
El consumo excesivo de proteína no sólo aparece vinculado a un incremento sustancial en la mortalidad por cáncer, sino que las personas de mediana edad que comen mucha proteína de origen animal, incluidas carnes, leche y queso, son más susceptibles a una muerte temprana en general, según esta investigación.
De hecho los amantes de la dieta con alto contenido en proteínas fueron un 74 por ciento más propensos a morir dentro del período de estudio que los que consumían menos proteínas y también fueron varias veces más propensos a morir como consecuencia de la diabetes.
El asunto de cuánta proteína debe incluirse en una dieta saludable ha sido controvertido por mucho tiempo, agitado ocasionalmente por la popularidad de las dietas con alto contenido proteico como las de las marcas Paleo y Atkins.
El estudio de la USC encontró que la edad adulta no es una fase monolítica de la vida, ya que la biología cambia a medida que las personas envejecen.
La proteína controla la hormona del crecimiento IGF-I, que ayuda en la etapa de crecimiento del cuerpo, pero se ha vinculado con la propensión al cáncer. Los niveles de IGF-I caen sustancialmente después de los 65 años de edad y eso contribuye a un debilitamiento y pérdida de músculo.
El estudio lleva a la conclusión de que, si bien la ingesta elevada de proteínas puede ser dañina en la mediana edad, una dieta con niveles moderados o altos de proteína después de los 65 años de edad puede hacer que las personas sean menos propensos a las enfermedades.
Un aspecto importante del estudio es que los investigadores determinaron que las proteínas procedentes de plantas, tales como las alubias, no parecen tener los mismos efectos sobre la mortalidad que tienen las de origen animal.
"La mayoría de la gente en Estados Unidos come casi el doble de las proteínas que deberían ingerir y quizá el mejor cambio sería bajar la ingesta diaria de todas las proteínas pero especialmente las de origen animal", señaló Longo.
Las conclusiones de este estudio sustentan las recomendaciones de varias agencias de salud según las cuales un consumo saludable es de unos 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal cada día en la edad mediana.
Por ejemplo, una persona que pesa 59 kilogramos debería consumir cada día entre 45 y 50 gramos de proteína por día con una preferencia por las proteínas de origen vegetal, como las legumbres.
Los investigadores califican como dieta con alto contenido de proteínas una en la cual al menos el 20 por ciento de las calorías procedan de proteínas, incluidas las proteínas de origen vegetal o animal.
Una dieta moderada incluye del 10 al 19 por ciento de calorías procedentes de proteína, y una dieta baja es la que incluye menos del 10 por ciento de proteína