sábado, 22 de junio de 2019

miércoles, 23 de enero de 2019

jueves, 10 de enero de 2019

Peterson: Contra la manipulacion con el Marxismo Cultural

En un momento en el que la ideología de género se ha convertido en el pensamiento dominante en los medios de comunicación, en el debate institucional, en las universidades, en los productos culturales... han empezado a aflorar voces disidentes con el establishment intelectual que, con sus matices y diferencias, y a cuenta y riesgo de ser lapidados en la plaza digital donde impera el binario me gusta/no me gusta, alertan del riesgo de asfixia social y homogeneización. 

Una cuadrilla de defensores de la libertad de expresión y en contra de la corrección política y la categoría identitaria como obligada lente posmoderna para interpretar el mundo, que nutre sus filas de psicólogos como Steven Pinker, Jonathan Haidt, Gad Saad, además de intelectuales como Roger Scruton, Niall Ferguson, Phillipe Sollers, Michel Houellebecq o Alain Finkielkraut... Y entre todos ellos ha emergido como un tsunami mediático-social, por su penetración en las redes sociales y en el público más joven, el canadiense Jordan B. Peterson (Alberta, 1962).


Bastan un par de clics y unos minutos en YouTube para descubrir la notoriedad alcanzada en apenas dos años por este profesor de psicología clínica de la Universidad de Toronto. Su libro 12 reglas para vivir. 

Un antídoto al caos(Planeta/Columna) es un best-seller en Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, con más de 2,5 millones de ejemplares vendidos, y sus videos con intervenciones en televisión, apasionados debates, consejos médicos o multitudinarias clases en la universidad han superado los cuarenta millones de visitas. Sus lectores/seguidores son mayoritariamente jóvenes de entre 20 y 35 años.

Cierto es que Peterson, que tuvo su bautismo mediático en España con la entrevista que Cayetana Álvarez de Toledo le hizo en febrero del 2018 en El Mundo(“hay una crisis de la masculinidad porque se culpa a los hombres por el mero hecho de serlo”), incendiando de inmediato las redes sociales, no deja indiferente. 

Genera una ingente cantidad de artículos a favor y en contra, sobre todo por parte de la izquierda norteamericana que le acusa de nutrir moralmente a la derecha alternativa con su “misoginia” y de no pasar de la categoría de charlatán para millennials. 

Frente a este tipo de reproche contrasta la opinión de Camille Paglia, crítica social, feminista heterodoxa y autora de libros seminales como Vamps (1994), que lo considera “el pensador más influyente que ha surgido de Canadá desde Marshall McLuhan”.

Bastan un par de clics y unos minutos en YouTube para descubrir la notoriedad alcanzada en apenas dos años por este profesor de psicología clínica de la Universidad de Toronto


Ante esta disparidad de opiniones, 12 reglas para vivir ejerce como introducción al pensamiento de Peterson y es una síntesis de la monumental Maps of meanig: The architecture of belief (Routlege, 1999). Con título y apariencia de manual de autoayuda (algunas de sus páginas contienen mensajes simples y directos que él recomienda a sus pacientes: 

“Ordena tu habitación antes de criticar el mundo”, “di la verdad, o por lo menos no mientas”, “enderézate y mantén los hombros hacia atrás”), es ante todo una carga en profundidad contra el pensamiento posmoderno que “substituyó la lucha de clases por la lucha de identidades”.


Peterson, que se define como un “liberal británico clásico”, repudia la ideología de género, el identitarismo, el lenguaje inclusivo (“no voy a aceptar el territorio lingüístico de la izquierda radical, lo hagan ley o no), la idea, en definitiva, de que todo es una construcción social. Un cóctel, sostiene, que ha “colonizado” los campus universitarios con la “victimización de infinitos grupos por raza, religión...” y que tiene en los hombres jóvenes su objetivo a batir. 

Una “caza” que está provocando una “crisis de la masculinidad porque se culpa a los hombres por el mero hecho de serlo, están perdidos, sin rumbo”, acobardados, castrados por el “intento de feminizarlos”, lo que empuja a muchos “en brazos de los extremismos de izquierda y de derecha”.

Estudioso del cristiano, el judaísmo y de filosofías orientales como el budismo y el taoísmo –su obra tiene una fuerte dosis de misticismo, con una clara influencia del pensamiento de Carl Jung–, Peterson defiende la individualidad del hombre frente al colectivismo, el relativismo, y el “optimismo progresista”, para hacer frente a una vida que es sufrimiento (Buda) –pone como ejemplo las atrocidades cometidas en la era de las ideologías por el nazismo y el comunismo ( Archipiélago Gulages su libro de cabecera)– y que por ello exige lucha, esfuerzo, y “asumir la responsabilidad” de tu propio destino. 

Lo opuesto a ese “hombre-niño” que proliferaría y que él detesta y trata de trasformar. Peterson interpreta la vida como un balance entre el orden y el caos (el yin y el yang) en el que es indispensable “una jerarquía de valores compartidos”, reglas, patrones, creencias, para evitar que el “horror de la existencia” derive en nihilismo, conflicto con otros grupos, guerra...


El canadiense más conocido hoy en el mundo, con permiso del presidente Justin Trudeau (“es un Peter Pan”), no inventa, pues, nada nuevo en el pensamiento conservador, pero actualiza (es todo él una figura pop) y defiende con pasión unos postulados que, si bien no pocos tachan de carcas y reaccionarios (“es el custodio del patriarcado”, según The New York Times), millones de personas los han acogido como una tabla de salvación para tiempos convulsos.

Jordan B. Peterson

martes, 8 de enero de 2019

miércoles, 1 de agosto de 2018

El hambre desaparece el mundo mejora cada dia






DISMINUYE EL HAMBRE A NIVEL MUNDIAL: 
DISMINUYE LA ESCLAVITUD  "         "     :



DISMINUYEN LAS MUERTES DEBIDAS A DESASTRES A NIVEL GLOBAL:



 DISMINUYE EL TRABAJO INFANTIL EN EL MUNDO: 



------------------------------



 Hay que proteger a los cazadores para proteger a los animales :



martes, 31 de julio de 2018

Buscar la felicidad te hace infeliz





-----------------------------------l------------



José Carlos Ruiz, doctor en Filosofía, reivindica el pensamiento crítico
43 años, Cordobés. Casado, dos hijos. Profesor asociado de la Universidad de Córdoba y veinte años de profesor de instituto. La era de la selfie se ha trasladado a la política y cada opción mira por su buche.
el arte de pensar-jose carlos ruiz-9788417229955

Pensamiento crítico

Se llevan las experiencias, nos venden viajes inolvidables, sensaciones gastronómicas, amistad y me gusta virtuales. Frente a esa necesidad de experimentar novedad constante que nos ha convertido en drogodependientes emocionales, Ruiz defiende en su último ensayo, El arte de pensar (Berenice), promover el pensamiento crítico, conocer las circunstancias y saber interpretar el contexto:
Simplificar significa pensar. No actuemos tan impulsivamente. Si educamos más en entender las circunstancias propias y del otro, y no tanto en el ego, la gente empezará a construir su felicidad y no a exportar modelos de felicidad”.




Ha diseñado un programa para que los maestros instauren el pensamiento crítico en las aulas.

Nos han condenado a ser felices por obligación, y lo que es peor, por imitación.

- Suena grave.

Lo es, porque la felicidad se ha convertido en un instrumento de tortura. Nos venden que la felicidad es algo instantáneo y fácil de adquirir. Se trata de una felicidad postiza y a la venta que nos convierte en drogodependientes emocionales.

- Me está asustando.

La palabra de moda es tendencia: el viaje que no te puedes perder, el último gadget, el restaurante del momento con su cocina fusión, el imprescindible mindfulness...

Adictos a las experiencias vibrantes.

A un consumo de emociones constante porque la oferta es infinita, lo que lo convierte en una tortura. Se trata de dosis perfectamente empaquetadas que nos mantienen sometidos y enganchados a una actividad incesante; esa es la idea de felicidad que ha calado.

- La zanahoria del burro.

El culto al instante, la prioridad de lo inmediato, la hiperactividad para no perderse esas tendencias que nos prometen la dicha.

- ¿Y la verdadera felicidad?

La felicidad es un modo de ser.

¿Sentirse feliz no es lo mismo que serlo?

No, y tampoco es la alegría de un instante o la satisfacción por un logro conseguido. La felicidad es una manera de ver la vida, de levantarte cada mañana y acostarte cada noche, una actitud con los que te rodean que hace que ellos mejoren y mejores tú.

Las circunstancias influyen.

Sí, y habrá periodos de luto y de recomposición, pero la felicidad es un edificio que se construye desde la infancia con unos valores estables y un modo de ver la vida en positivo.

Esa es otra palabra de moda.

Educar un árbol para que sea estable lleva años, pero una vez que enraíza sabe buscar sus nutrientes y sus ramas son grandes y dan cobijo. El césped crece muy rápido y es aparente, pero a la mínima se seca o se pudre.

¿Hoy la felicidad es de césped?

Se educa con poca profundidad, y lo veo en mis alumnos, que son muy frágiles emocionalmente, con picos de alegría y depresión. Hay que plantar la semillita.

¿La del pensamiento crítico?

Sí, hay que enseñarles a pensar. La reflexión en torno a lo que han hecho es obligatoria. Yo distingo entre inteligencia y sabiduría.

Sabios siempre ha habido pocos.

Es algo que hay que desarrollar internamente analizando el sentido de tus actos, y en eso se invierte la vida, desde los 6 años hasta los 90.

Sí, entretenido lo es.

Hay que atreverse a pensar y a reflexionar, y apartarse del hiperdinamismo, de hacer lo que todo el mundo hace sin tener en cuenta si tus circunstancias están forjadas para eso o no.

¿Y eso cómo lo sabes?

Analizando de dónde vienes y de dónde vienen los otros y el contexto en el que se desenvuelve cada uno. Si vas a juzgar a alguien, ten la paciencia de entender por qué piensa como piensa y de dónde procede su manera de ver la vida.

No estamos educando en eso.

No, estamos educando en la competitividad, en el análisis del dato superficial. La estadística se ha apoderado de nosotros. Estamos falsificando la humanidad, claudicando a la matematización del mundo e incluso de la emoción.

¿Hoy pensar aburre?

Hoy pensar, detenerse, reflexionar, es agonizar; es un atraso, porque hay que ir hacia delante. Los popes educativos, los coaches que ven mis alumnos universitarios por internet, les dicen: “Sigue tu pasión y conviértela en tu trabajo”.

No me parece un mal consejo.

El mercado nos vende como centro de nuestra vida la realización y el triunfo a través del trabajo, pero hay cosas más importantes en la vida. Hay que dejar de educar en el ego. La gente debe construir su felicidad de acuerdo a quienes son y no exportar modelos.

¿Tenemos un problema de identidad?

Sí, ahora los modelos son personajes como Steve Jobs, brillante en su trabajo, pero un tirano con su gente y un mezquino emocional.

Bien visto.

Y también deberíamos tener en cuenta que por mucho que Zuckerberg lleve la misma camiseta y las mismas bambas que tú, él es una excepción. Si la excepción se convierte en regla, la frustración está asegurada.

El futuro es siempre una proyección.

Sí, y hoy es tan imprevisible que genera angustia y se impone el carpe diem más superficial. Tú no puedes controlar el futuro, pero sí el proyecto de persona que quieres ser, y eso se consigue con pensamiento crítico.

Usted lo tiene muy agudizado.

Se repiten muchas tonterías como eso de “sal de tu zona de confort” para conquistar lo extraordinario, cuando lo ordinario es precisamente lo que deberíamos cultivar y apreciar.

¿Defiende la rutina?

La que tú te construyes, tus amadas costumbres, eso que te hace sentirte a gusto contigo mismo y con los que están a tu alrededor. Pero la rutina se desprecia, cuando en realidad es la base de cualquier vida.

Reivindica la sencillez y el equilibrio.

Sí, porque este mundo tan complejo se sus­tenta en dos o tres cuestiones básicas, como ­saber amar. Pero la acción le está ganando la batalla a la reflexión.


 
---------l---------------------
---------------

domingo, 15 de julio de 2018

De verdad tienes una enfermedad psicologica ?

 El mito de la enfermedad mental: