jueves, 16 de diciembre de 2010

QUE SE VAYAN TODOS

El jefe de un partido de izquierda francés retoma la consigna de la Argentina de la crisis, en 2001. Se inspira también en la "revolución ciudadana" de Rafael Correa. Sus críticos lo comparan con Chávez y lo acusan de populista y maniqueo

Jean-Luc Mélenchon ha logrado sacudir el debate político francés con su recién publicado libro Qu'ils s'en aillent tous! Vite, la révolution citoyenne (¡Qué se vayan todos! Rápido, la revolución ciudadana). Este ex senador de 59 años -hoy eurodiputado- militó durante muchos años en el Partido Socialista, cuyas filas abandonó en 2008 para fundar el Partido de la Izquierda, así, sin más aditamentos. Desde allí, busca encabezar una coalición progresista más amplia que lo lleve a la presidencia en 2012. De momento, goza una imagen positiva del 22% y un rechazo del 35 por ciento.

Tanto Mélenchon, como sus simpatizantes y críticos, reconocen la inspiración sudamericana de su discurso. El diario Libération habla de una "derivación francesa del «que se vayan todos» [en castellano en el original], eslogan de los manifestantes argentinos durante la crisis económica de 2001".

Mélenchon predice que el "que se vayan todos" será "el eslogan de millones de personas", porque está convencido de que, fruto de la crisis, también en Europa se producirán "revoluciones por las urnas", como las hubo, según él, en América Latina en la primera década de este siglo. La revuelta popular está en marcha, anuncia, a imagen y semejanza de Sudamérica, donde las "revoluciones ciudadanas derribaron a los poderosos".

En el libro, el eurodiputado esboza los pasos de la esta "revolución ciudadana", que debutaría con una "constituyente", y en cuyo programa se inscribirían el "fin de la mercantilización de la educación, la liberación de los medios, el aumento de los salarios, la planificación ecológica, la salida del Tratado de Lisboa [que estableció la constitución europea]", entre otros.

El jefe del Partido de la Izquierda está convencido de la necesidad de "reoxigenar toda la representación nacional" de la cual parece olvidar que fue parte: en 1986, y con sólo 35 años, se convirtió en el senador más joven y ocupó una banca en el Palacio de Luxemburgo por más de 20 años. Ello no le impide hoy lanzar diatribas contra el sistema y convocar a la ciudadanía a una refundación republicana.

Algunos recuerdan que, como ministro (de Formación Profesional entre 2000 y 2002 durante el gobierno del socialista Lionel Jospin), no mostraba la misma indignación ante la injusticia social que hoy lo motoriza y lo lleva a un frenético recorrido mediático para promover su gesta refundacional.



Un discurso que divide

Directo, verborrágico y colérico, llegó a tratar de "hijo de p..." y de "servil" al presentador del noticiero de France 2, David Pujadas. No falta quien lo compara con Hugo Chávez, pero no sólo por sus excesos orales, sino también, por su ropaje populista de izquierda. Como el bolivariano, Mélenchon también ha elegido a los ricos y a los periodistas como enemigos.

En La Voix du Nord, el editorialista Jean-Michel Bretonnier lo describe como un "hombre inteligente, buen conocedor de la historia y sus complejidades, que ha, deliberadamente, elegido el registro somero del exabrupto y la postura rústica del peleador". "Podría ser folklórico, es peligroso", advierte.

No es el único que siente rechazo ante el discurso maniqueo de Mélenchon, que coloca en el campo de los malos a excluir del sistema a los empresarios, a los periodistas, a la derecha y a los más "liberales" entre ex camaradas socialdemócratas.

Bretonnier dice que esta "instauración" de la "moral social" como "referencia suprema", en realidad "divide a una sociedad que verdaderamente no tiene ninguna necesidad de ello". En concreto, el editorialista ve un peligro en este discurso: el de considerar que la democracia no corre ningún peligro, "mientras el populismo se extiende en Europa y la debilita".

El libro de 142 páginas de Mélenchon, que algunos tildan de panfleto, destila enojo y agresividad. Expresa, ciertamente, el hartazgo de una situación dada y la bronca acumulada de una sociedad. Y busca deliberadamente una analogía con los procesos vividos por varios países sudamericanos. No sólo la Argentina está en la mente del titular del Partido de la Izquierda, sino también Venezuela, Ecuador y Bolivia.


El plan

"La revolución ciudadana, dice Mélenchon, es el concepto propuesto en Ecuador por Rafael Correa durante la elección presidencial de 2006, que ganó. Esta revolución fue primero constitucional. Por referéndum otorgó plenos poderes a la «Asamblea Nacional constituyente». El gobierno es llamado «Gobierno de la Revolución ciudadana»'".

Esto da una pista de lo que le espera a Francia en el caso, de momento hipotético, de que Mélenchon llegue a la primera magistratura: cambio de la constitución de la Vª República y convocatoria a una Asamblea Constituyente para que todos los franceses participen de la reelaboración colectiva del pacto nacional. Una refundación necesaria para devolverle legitimidad a los poderes del Estado, según esta perspectiva. "La refundación republicana de nuestro país debe ser la de la sociedad misma, en sus compartimentos: la empresa, el barrio, la comuna, el departamento, el establecimiento escolar. En todas partes la ciudadanía debe estar al mando".

Por supuesto que también tiene un discurso redistribucionista, siendo su objetivo "recuperar" los 195 mil millones de euros de los que se apropian anualmente los "rentistas" desde hace 25 años. Aunque no da mucho detalle de cómo lo logrará, recuerda que en Francia hay 8 millones de pobres y la cifra crece.

Finalmente, el hombre se revela antieuropeísta. "Esta Europa no es la solución. Esta Europa es el problema", afirma.