martes, 17 de febrero de 2015

Cómo enseñar a los niños a valorar lo que tienen


“Si no eres feliz con lo que deseas,
con aquello que te falta tampoco lo serás”
 
Cuando en nuestra infancia hemos sufrido ciertas carencias, es común querer que nuestros hijos no pasen por lo mismo. Así, en ocasiones cometemos el error de darles demasiados presentes “para que nada les falte”. Sin embargo, es preciso ayudarles a comprender la fugacidad del valor de lo material y el valor que tiene todo lo que tenemos frente a lo que deseamos. 
Puede ocurrir que pasemos por una tienda, les compremos un juguete hermoso, se los llevemos con toda nuestra ilusión (los padres podemos estar más felices al ver sus rostros de asombro que los niños con el juguete en si) y ellos no le den la menor importancia al regalo.
Siguen ensimismados con lo que estaban haciendo, seguramente con el móvil, la tableta o el ordenador. Eso puede desilusionarnos en primera instancia. Incluso puede hacer que nos invada la tristeza porque hemos tenido que trabajar duro para poder comprarles ese juguete, que no han sabido valorar.
Claro, tienen una habitación repleta de cosas para jugar (aunque usen una mínima parte), y por lo tanto, es muy difícil que presten atención a algo nuevo o que sean agradecidos por el gesto. Está en nosotros, como adultos, enseñarles a reconocer los sacrificios y hacer que se “ganen” lo que reciben.
Esto no quiere decir que tengan que salir a trabajar cuando son pequeños, pero sí demostrarles que en la vida, “nada cae del cielo más que la lluvia” y que para conseguir lo que desean, van a tener que hacer un esfuerzo. Puede sonar un poco fuerte para un niño en edad escolar, sin embargo, les haremos un gran favor si conseguimos que lo interioricen.
Muchas veces no nos damos cuenta de que nuestros hijos están recibiendo de todo sin prestar la más mínima atención de su procedencia, de cuánto nos costó ganar el dinero para comprarlo, de qué manera se obtienen, etc.

juegos

Por más de que nos encontremos en una buena posición económica no hay que mal acostumbrarlos a tener todo lo que desean. Nunca sabremos los reveses de la vida y si nuestras posibilidades económicas serán igual de buenas en el futuro. Ahora bien, ¿Cómo hacerles comprender en ese momento que no se puede (aunque se quiera) comprar un juguete nuevo, un videojuego o un móvil último modelo?

Enseñar a los hijos a valorar lo que tienen


Para que los pequeños se den cuenta del precio que tienen las cosas (no en cuestiones de dinero, sino en cuestiones de esfuerzo o de establecer prioridades, por ejemplo) y no se conviertan en una máquina de pedir a diario, sería bueno que:
-Tuvieran una responsabilidad en el hogar. A partir de los tres años, el niño ya puede participar en alguna de las tareas del hogar y asumir algún tipo de responsabilidad, por pequeña que sea. Al principio no vamos a dejarles que ordenen la cristalería ni que limpien las ventanas, pero sí que lleven la ropa limpia a su cuarto, por ejemplo.
Paulatinamente se les pueden ir asignando nuevas tareas, adecuadas para las capacidades que ya han desarrollado. Pero atención, lo mejor para reforzar este tipo de conductas no son las recompensas materiales, sino las palabras y el reconocimiento social, para que puedan sentirse orgullosos.
-No les compres todo lo que piden. Las anuncios en los espacios dedicados al público infantil en la televisión están diseñados para generar deseos en los niños. De hecho, presentan los juguetes como fantásticos artilugios generadores de diversión. Finalmente, si vas a hacerle un regalo que corresponde a uno de sus deseos, es mejor que lo demores un poco en el tiempo.
Tómate tu tiempo para “procesar el pedido”, verifica que sea algo que realmente quieran y que no se trata de un capricho de un juguete que vieron en televisión o que un compañero de la escuela tiene. No trates de demostrar tu cariño comprándoles cosas. Hazlo como todo padre debería, es decir, con tiempo y cariño.
Estipulen un presupuesto. Cuando los hijos ya son un poco más mayores y tienen la capacidad para conocer de precios y dinero, pueden conversar en relación a los costes de ciertas cosas que piden. Permite que ayuden en la administración del dinero y si tienes la posibilidad (y se lo merecen), puedes darles una paga periódica para que se acostumbren a administrar sus propios recursos limitados.
Por último, no caigas en el error de decir “a mis hijos nunca les falta nada”, porque el dinero o los regalos no son los que compran la felicidad ni el amor. Recuerda que “donde hay demasiado, algo está ausente. Lo que sobra no se puede reemplazar con lo que falta”.