martes, 8 de octubre de 2013

La reconversion de un medico - por fin comprende que la medicina esta equivocada

 La comprension de la terapia del cancer - Hammer :



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NOVIEMBRE / 2010

LA TERAPIA DE SIMBIOSIS CELULAR

Las mitocondrias son en realidad ¡bacterias! –arcaicas- que viven en simbiosis en el interior de nuestras células y han asumido las funciones metabólicas claves para la vida. Pues bien, este descubrimiento y otros recientes como el papel del óxido nítrico en el equilibrio energético, el reciclaje celular y el mantenimiento de las condiciones necesarias para la convivencia microbiana han puesto de manifiesto los errores de la Teoría Microbiana así como las graves consecuencias tóxicas de un siglo de agresión quimico-antibiótica al tiempo que revolucionan la ciencia médica posibilitando nuevos métodos de diagnóstico, adecuadas estrategias de prevención y terapias eficaces y no agresivas para afrontar las patologías crónicas y degenerativas,cáncer incluido.
Es el caso de la Terapia de Simbiosis Celular desarrollada por el Dr. Heinrich Kremer.

Los descubrimientos llevados a cabo en el marco de la Biología de la Evolución –y que, a pesar de la resistencia inicial habitual en las ideas novedosas están siendo ampliamente aceptados a nivel de la ciencia bhttp://www.dsalud.com/index.php?pagina=articulo&c=1542ásica- colocan a la Medicina en una encrucijada: continuar aferrándose a teorías obsoletas que no sólo se han demostrado ineficaces a la hora de recuperar la salud sino que vienen contribuyendo de modo brutal a la proliferación de enfermedades, a la degeneración biológica del ser humano y a la destrucción del ecosistema o comenzar un proceso de replanteamiento global teniendo como objetivo fundamental recuperar su función de servicio a la humanidad. Pues bien, tal es el desafío que hace precisamente la obra del Dr. Heinrich Kremer quien tras licenciarse en Medicina en 1965 obtendría apenas tres años después otras dos licenciaturas: las de Neurología y Psiquiatría. Una inusual y completa formación que hizo que ese mismo año -1968- se convirtiera pese a su juventud en el responsable médico de un proyecto piloto del Gobierno Federal alemán en la cárcel de Tegel para reformar el régimen penitenciario. Proyecto que incluía terapia social para toxicómanos y personas con graves trastornos sexuales y de personalidad. Tiempo después -en 1981-, tras coordinar varios proyectos de Medicina Social sería nombrado Director Médico de una clínica especializada en drogodependientes de las regiones de Berlín, Bremen, Hamburgo, Schlewig-Holstein y Baja Sajonia.
Pues bien, cuando en septiembre de 1984 se llevó a cabo en su país el primer ensayo de test de anticuerpos de VIH a Kremer se le pidió que mandara muestras de sangre de todos sus pacientes pero éste envió también sangre de los médicos -sin identificar- junto a las de los internos ¡y todos los médicos dieron positivo! Aquello le hizo inmediatamente desconfiar de la fiabilidad del test y exigió la documentación que lo avalaba negándose mientras a realizar más pruebas por entender que las resultados podían generar un estrés a sus pacientes que había que justificar. Posteriormente se opondría también a administrar las sustancias que se le sugerían para “tratar” a quienes el test dio “positivo” porque eran altamente tóxicas y a su juiciolo que esas personas de verdad necesitaban era un tratamiento de regeneración celular. Respondiendo que para administrar tales sustancias tóxicas a sus pacientes exigía que se le mostraran antes las pruebas científicas y médicas que lo justificaban. No obtuvo respuesta del Gobierno y dadas las presiones recibidas para que obedeciera sin más decidió dimitir.
Su honestidad le cerró una puerta a su carrera personal pero abrió otra para la humanidad porque desde entonces se dedicó a investigar el SIDA, el cáncer y otras enfermedades crónicas. De hecho de 1995 a 1999 formó parte del Grupo de Estudio sobre Inmunidad y Nutrición que dirigía el Dr. Alfred Hässig y en 1996 fundó el Research Group for Investigative Medicine and Journalism (REGIME).
Cabe añadir que Kremer ha publicado numerosos trabajos y varios libros en los que recoge los resultados de sus investigaciones destacando entre ellos Sistema inmune y vacunas, Ritalín y cerebro y La revolución silenciosa de la medicina del cáncer y el SIDA. Un monumental trabajo en el que relacionó conocimientos dispersos, situó descubrimientos parciales en un contexto general, les dio sentido y formuló una explicación coherente y rigurosa que cimentaría toda una auténtica revolución científica y médica.

DESCENDEMOS DE LAS BACTERIAS

Llegados a este punto conviene recordar lo que ya dijimos en algunos artículos anteriores a éste en esta misma revista: el Modelo Médico Hegemónico que actualmente se ha impuesto en el mundo occidental se apoya en concepciones científicas y filosóficas que entre finales del siglo XIX y principios del XX culminaron las corrientes de pensamiento positivista y mecanicista surgidas durante el Renacimiento y desarrolladas tras la Revolución Francesa. Concepciones que en el campo de la Biología se concretaron en el Neodarwinismo, una actualización de las ideas de Charles Darwin para explicar el origen y la evolución de los seres vivos basada en “errores genéticos” y en la “selección natural” que no son sino eufemismos para referirse a una especie de ley del más fuerte que traslada a la naturaleza las ideas de competitividad entonces en boga en el terreno económico y social. Sin embargo a finales del siglo XIX el biólogo alemán Andreas Schimpes y a comienzos del siglo XX el ruso Kostantin Mereschovky y el francés Paul Portier propusieron que la célula humanatenía ¡origen bacteriano!Y claro, todos ellos fueron despreciados y/o atacados por sus contemporáneos, aferrados a los dogmas darwinistas.
Empero, sus investigaciones volverían a ponerse de actualidad nuevamente de la mano de la bióloga estadounidense Lynn Margulis cuando en 1967 formuló la Teoríade la Endosimbiosis Seriada o SET (por sus siglas en inglés de Serial Endosybiosis Theory). Y eso que Margulis tuvo que superar numerosas dificultades para conseguir publicar primero un artículo y posteriormente un libro exponiendo esa teoría que, como era de esperar, se encontró con el rechazo frontal de la ortodoxia neodarwinista. Sin embargo treinta años después numerosas investigaciones en el campo de la Bioquímica, la Morfología y la Paleontología han aportado pruebas que avalan sus afirmaciones y su teoría ha comenzado aTerapia de Simbiosis Celular desarrollada por el Dr. Heinrich Kremer. ser aceptada en el mundo académico aun cuando falte mucho para que se integre adecuadamente en los libros de texto universitarios o de enseñanza secundaria (y todo indica que mucho más para que las ciencias aplicadas se planteen los profundos cambios que implican los descubrimientos de Margulis).
Pero, ¿en qué consiste la endosimbiosis y porqué supone una revolución científica de primer orden, en particular en el ámbito de la medicina? Veámoslo.

PRIMERA CLAVE: LA ENERGÍA VITAL

Darwin y sus seguidores creyeron que lo fundamental para explicar la evolución de los seres vivos era la información, es decir, la herencia genética, el ADN contenido en las células. Y a partir de esa idea la Medicina trató de encontrar en la Genética una explicación para muchas de las llamadas “enfermedades”. De ahí que en los últimos tiempos se hayan desarrollado “tests genéticos” con la pretensión de diagnosticar enfermedades incluso antes de que aparezcan y promover “terapias génicas” que pretenden tratarlas o prevenirlas interviniendo en la información genética del paciente.
Sin embargo el camino abierto por Margulis -y continuado por muchos otros investigadores- apuntan en otra dirección muy diferente: la clave de la evolución no ha sido la información sino ¡la energía! Es decir, los cambios en los seres vivos no se han producido por errores genéticos sino que están determinados por la necesidad que los seres vivos tienen de obtener energía para llevar a cabo sus procesos vitales.
Piénsese que los únicos seres vivos que poblaban el planeta hace unos tres mil ochocientos millones de años eran las algas verdeazules, unas microalgas conocidas como cianobacterias que obtenían la energía vital descomponiendo las moléculas de agua –H2O- mediante la energía de la luz para utilizar el hidrógeno. Lo que hizo que durante millones de años el oxígeno que las cianobacterias expulsaban como residuo de su respiración se fuera acumulando primero en los océanos y posteriormente en la atmósfera saturando el planeta de gas venenoso.
Una catástrofe ecológica que podía haber acabado con la vida en el planeta y que sin embargo, paradójicamente, fue lo que abrió la posibilidad de que los seres vivos evolucionaran posteriormente hasta sus formas actuales ya que fue hace aproximadamente dos mil millones de años cuando se produjo la fusión entre seres pertenecientes a dos reinos distintos: una arquea y una eubacteria. Fusión llamada simbiosis –que significa “vivir con” y supone la integración de un ser vivo en otro compartiendo así las respectivas capacidades- que sería el origen de una cooperativa vital que a su vez daría lugar a las células animales y vegetales.
Una primera fusión -cuyas huellas se encuentran aún en nuestro genoma- a la que siguieron otras dos: la integración de una bacteria gram positiva que posteriormente evolucionó hasta convertirse en las actuales mitocondrias dando origen a las células animales y una bacteria fotosintética que se transformó en los actuales cloroplastos dando origen a las células vegetales.
Pues bien, la integración de la bacteria que dio origen a las mitocondrias se convirtió en la clave para la supervivencia en aquella atmósfera saturada de oxígeno ya que se trataba de una bacteria ¡aeróbica!; es decir, que en lugar de utilizar hidrógeno necesita oxígeno para su respiración y así obtener energía. Es decir, aquella fusión no sólo permitió la supervivencia sino la posibilidad de obtener energía de modo mucho más eficaz lo que permitió la evolución a seres más complejos y de mayor tamaño y, en definitiva, a la aparición de animales y plantas. Por tanto fue la posibilidad de obtener más energía lo que posibilitó la evolución. Actualmente las mitocondrias de las células nos aportan de hecho el 90% de la energía vital que necesitamos; y las algas verdeazules continúan produciendo el 98% por ciento del oxígeno del planeta.
Además las mitocondrias poseen su propio genoma, su propia información genética, que interacciona con la información genética del núcleo celular jugando un papel fundamental en todos los procesos vitales. Otra peculiaridad de las mitocondrias es que se trasmiten de madre a feto sin intervención del padre. Un bebé femenino nace con 400.000 óvulos en cada uno de los cuales hay medio millón de mitocondrias; y ahí se halla la energía de la vida y por tanto las claves de la información crucial para los procesos vitales de las células.
Cabe añadir que investigaciones mucho más recientes -publicadas a partir de 2001- están planteando ahora la posibilidad de que el núcleo de las células fuese originariamente ¡un virus de gran tamaño! Concretamente un virus de ADN similar a los actuales poxvirus que se integraron en el interior de un micoplasma y que fue absorbiendo su información genética hasta tomar el control y evolucionar luego hasta el actual núcleo celular.

SEGUNDA CLAVE: EL MICROECOSISTEMA

Las primitivas bacterias unicelulares -formadas por una sola célula- se mantenían en contacto con el medio del que tomaban los nutrientes a través de su membrana. Y en los seres pluricelulares -incluidos los seres humanos- ese contacto se mantiene hoy gracias al “océano interior” en el que viven nuestras células. Porque no olvidemos que entre el 70 y el 85% de nuestro cuerpo –nos “secamos” con la edad- está formado por agua salada de composición idéntica al agua de mar; y del resto, sólo un tercio son células; los dos tercios restantes consisten en un tejido esponjoso de fibras y colágeno empapado de agua salada en el que las células viven, se comunican entre sí y del que se alimentan como hacían miles de millones de años. Esa matriz extracelular constituye el medio ambiente para las células y los millones de seres microscópicos que viven como simbiontes en nuestro interior, una auténtica micro-Gaia que permite la continuidad de la vida.
Obviamente en el curso de la evolución los seres complejos fueron desarrollando diferentes sistemas para mantener los procesos energéticos en equilibrio protegiéndolos de las diferentes agresiones que pudieran alterarlos. Sistemas que son conocidos por el Modelo Médico Hegemónico como Sistema Inmunitario o Inmunidad y se considera erróneamente una especie de ejército de defensa preparado para luchar contra invasores exteriores (ya hemos explicado en reportajes anteriores que el lenguaje médico y sus tratamientos se basan en una concepción absolutamente militarista de la vida) cuando en realidad, como ya vimos en un anterior reportaje (lea en nuestra web –www.dsalud.com- el artículo que con el título ¿Tiene sentido lo que se dice del sistema inmunitario? publicamos en el nº 130), la función primordial de esos sistemas es actuar como un “sensor de peligros medioambientales” en todo el medio interno. Medio en el que existen conexiones nerviosas, linfáticas y capilares sanguíneos así como incontables sustancias en constante interacción bioquímica ayudadas por enzimas. Enzimas que determinan que unas células especiales que tienen la capacidad de moverse por el organismo –los llamados linfocitos CD4 o T4- puedan desempeñar dos funciones totalmente distintas adoptando para ello diferentes perfiles químicos. El primer perfil –Th1- mantiene el equilibrio en el interior de las células utilizando para ello un gas que segregan, el óxido nítrico, encargado también de neutralizar –penetrando a través de las membranas- tanto posibles tóxicos como la proliferación excesiva de los microorganismos que viven en simbiosis en nuestros cuerpos. Ahora bien, cuando las agresiones son tan graves que el sistema no logra mantener el equilibrio el perfil de los linfocitos cambia para trabajar en el mantenimiento del equilibrio fuera de las células. A ese segundo perfil o posibilidad se le ha llamado Th-2 y lo que entonces hacen los linfocitos es producir unas proteínas –que la medicina oficial denomina “anticuerpos”- que se encarguen de neutralizar los posibles agentes tóxicos o agresivos en el exterior de las células.
Existe también una relación directa entre estos perfiles y la obtención de energía. La característica fundamental de los organismos que descienden de la fusión entre arqueas y bacterias es que mantienen las dos formas de respiración de esos seres primitivos; es decir, la respiración arcaica y anaeróbica –sin oxígeno- mediante fermentación y la respiración aeróbica -con oxígeno- mediante un proceso llamado fosforilación oxidativa.
La primera –la fermentación sin oxígeno- es menos eficaz energéticamente ya que por cada molécula de glucosa sólo se consiguen dos de adenosín trifosfato o ATP –es decir, de energía utilizable- mientras con la segunda -la fosforilación oxidativa- se obtienen por cada molécula de glucosa entre 18 y 36 de ATP. Eso sí, este mecanismo exige medidas de seguridad para evitar que el exceso de oxígeno pueda dañar materiales delicados en el interior de la célula (especialmente la información genética).
Como el lector supondrá el cuerpo combina estos sistemas energéticos en función de sus necesidades. Y así, cuando lo primordial es generar gran cantidad de energía utiliza el segundo método –también conocido como respiración mitocondrial- mientras cuando es necesario proteger a los elementos frágiles de la oxidación –fundamentalmente el ADN- utiliza el primero –denominado glucólisis o glicólisis- aunque sea a costa de un “bajón” en la producción de energía. Esto último sucede bien en procesos naturales o como reacción ante situaciones de emergencia.
Ejemplos del primer caso son los procesos de división celular que se producen de modo regular en el cuerpo cuando es necesario reparar una herida o en la división de las células del embrión. En todos esos casos las membranas de las mitocondrias se cierran el tiempo necesario para proteger del oxígeno corrosivo la información genética de la célula. Y durante ese tiempo la respiración mediante glucólisis sustituye a la mitocondrial.

MILLONES DE AÑOS RECREADOS EN NUEVE MESES

De hecho un embarazo exitoso sólo puede producirse con un perfil Th2 en el que no se produce óxido nítrico. De ese modo el feto respira por glucólisis a partir de la glucosa que le suministra la madre cuyos riñones e hígado se encargan luego de eliminar o reciclar loTerapia de Simbiosis Celular desarrollada por el Dr. Heinrich Kremer. s desechos de la respiración del feto. Entre tanto el feto está generando sus mitocondrias y preparándolas para el momento del nacimiento.
Tan sólo una hora después del parto se activan los cientos de miles de millones de mitocondrias del bebé que pasa de la glucólisis a la respiración mitocondrial a partir del oxígeno al mismo tiempo que sus linfocitos empiezan a transformarse. Las células inician entonces un proceso de diferenciación, las membranas empiezan a controlar la entrada y salida de sustancias y se inicia la colaboración entre el genoma mitocondrial y el nuclear. Es decir, el ciclo de miles de millones de años de la evolución se recrea en pocos meses en cada criatura humana.
Sin embargo la operación fundamental consistente en el cambio de perfil de los linfocitos representa algo desconocido para el nuevo organismo que necesita un entrenamiento que es proporcionado por los primeros desequilibrios en la convivencia con todos los microorganismos simbiontes que lleva en su interior. En términos de la medicina convencional se trata de las primeras infecciones infantiles para las que se bombardea con vacunas que bloquean así absurdamente el crucial entrenamiento del organismo del bebé en la regulación de sus relaciones de simbiosis lo que marcará para el resto de su vida su capacidad de convivencia con esos simbiontes.

EL RETORNO AL ORIGEN DE LAS CÉLULAS

Todos estos son procesos naturales habituales que utilizan los elementos adquiridos durante la evolución. Ahora bien, si se producen situaciones de desequilibrio persistente la energía disminuye de modo significativo, las membranas de las mitocondrias se cierran de forma permanente y se rompe la simbiosis. Y entonces la célula regresa a su forma bacteriana anaeróbica, un proceso que Kremer denomina “refetalización” y que se traduce a nivel del organismo en atrofia muscular, caquexia (desnutrición extrema y atrofia muscular), fallos orgánicos, degeneración muscular y nerviosa, cánceres y otras enfermedades sistémicas.
Agregaremos que además de causas psicológicas o traumáticas existen multitud de “estresores” –agentes estresantes- que pueden producir graves agresiones a dosis pequeñas o por acumulación. Nos referimos a las sustancias químicas tóxicas presentes en el agua y el aire así como en multitud de fármacos, alimentos, tejidos y otros muchos productos de uso cotidiano; sin olvidar las radiaciones electromagnéticas.
Pues bien, el glutatión –una pequeña proteína antioxidante compuesta de sólo tres aminoácidos- tiene en principio la capacidad de neutralizar esos “estresores” al proteger a las células de los radicales libres y los peróxidos. Y lo hace con ayuda de enzimas que deshacen los aminoácidos produciendo agua y sustancias solubles que pueden luego ser excretadas tras ser depuradas en los riñones y el hígado.
No olvidemos que todas las reacciones bioquímicas se catalizan mediante enzimas, que éstas necesitan de una forma tridimensional y que obtienen la misma mediante un potencial redox negativo a través de una alta concentración de glutatión reducido. Obviamente si la cantidad es excesiva para la capacidad de síntesis del glutatión el equilibrio redox se rompe y se altera la fluidez del océano interno lo cual afecta a la convivencia de los simbiontes.
En definitiva, los procesos desarrollados durante miles de millones de años están almacenados en los seres vivos como programas vitales de funcionamiento. De ese modo el conocimiento de cómo se formó la vida en el planeta permite al organismo saber cómo actuar para mantener la salud y resolver la causa de la mayoría de las patologías. Es el caso del cáncer, por ejemplo, que la Medicina convencional atribuye erróneamente a alteraciones genéticas y en cuyo tratamiento ha fracasado estrepitosamente precisamente por ignorar estos procesos energéticos. No entiende que las células cancerosas son similares a las células fetales o a las células normales en proceso de división, que en todas ellas se produce una regresión hasta la respiración arcaica por fermentación y qTerapia de Simbiosis Celular desarrollada por el Dr. Heinrich Kremer. ue, por tanto, no son sino células “refetalizadas” que compensan el bajo rendimiento de energía con un metabolismo acelerado.

ELEMENTOS DE DIAGNÓSTICO, PREVENCIÓN Y TERAPÉUTICA

A partir de estos conocimientos sobre el origen de la vida y su evolución las investigaciones del Dr. Kremer se desarrollarían en dos direcciones. Por una parte analizaría las consecuencias que las erróneas teorías médicas -y sus aplicaciones terapéuticas- han tenido desde que se impusieron las ideas de Charles Darwin y Luis Pasteur; en particular desde la introducción de los primeros productos sintéticos capaces de penetrar en las células, las sulfonamidas, en 1935. Porque su uso masivo y continuado ha supuesto una agresión permanente que se ha trasmitido de generación en generación siendo una de las causas fundamentales del estado actual de degeneración biológica así como de multitud de nuevas enfermedades sistémicas y crónicas. Téngase en cuenta que la venta de antibióticos asciende cada año a unos ocho mil millones de dólares y corresponden a unos 23 millones de kilos de antibióticos de los que la mitad son para uso humano. Además más de medio millón de kilos de antibióticos va a parar cada semana al medio ambiente, 136.000 kilos son usados en los cultivos y cantidades incontables en la alimentación y el agua. Y puesto que esos productos se diseñaron para matar bacterias lo que hacen es ¡destruir las mitocondrias de las células! Con lo que disminuye la producción de energía vital del organismo y se merma gravemente todo su funcionamiento.
Debe entenderse que el genoma mitocondrial es diez veces más sensible que el nuclear y no está protegido ni posee como éste mecanismos de reparación. De ahí que el Dr. Kremer afirme irónicamente que los simbiontes -es decir, los microbios y sus descendientes que conviven en el interior de nuestro microecosistema- deberían haber sido declarados “especie protegida” hace mucho tiempo.

UNA ALTERNATIVA INTELIGENTE

Ahora bien, si usar antibióticos es un error porque destruyen tanto posibles bacterias patógenas como las mitocondrias de las células sanas, ¿qué hacer en caso de enfermar? Pues para ello Kremer desarrolló lo que denominaríaTerapia de Simbiosis Celular que se basa esencialmente en favorecer las relaciones simbióticas tanto en el interior de las células como en la matriz extracelular colaborando con los sistemas de emergencia del organismo. ¿Y cómo? Pues utilizando las mismas sustancias y elementos producidos por la naturaleza pero adaptándose a su lógica en lugar de oponerse a ella.
Por eso basa su diagnóstico en la medición de los niveles de esas sustancias en el organismo. Entre ellos el de glutatión reducido en la mucosa pulmonar y en el interior de las células T linfáticas que circulan en la sangre. Así como en determinar el perfil Th1-Th2 mediante el llamado Test de Hipersensibilidad Retardada.
Es decir, en lugar de administrar fármacos agresivos y tóxicos forzando al organismo a aceptarlos se trata de respetar los mecanismos de la naturaleza y poner simplemente a su disposición en la matriz extracelular sustancias inocuas que éste pudiera necesitar para que tome sólo lo que precise en cada momento y en la cantidad adecuada. De esa manera afirma que se logrará:
-Activar las mitocondrias.
-Modular la contrarregulación Th2 y frenar el estado de estrés hormonal.
-Equilibrar los micronutrientes y fortalecer el medio interno extracelular.
-Minimizar la oxidación.
-Equilibrar el déficit de antioxidantes naturales.
-Proteger el hígado.
Y evidentemente para conseguir estos objetivos del modo respetuoso descrito lo que se deben utilizar son las mismas sustancias –naturales, no sintéticas- que dieron origen a los animales y que se hallan en las plantas y los hongos. Más concretamente éstas:
-Polifenoles (taninos y flavonoides). Se trata de sustancias aromáticas que sólo pueden producir las plantas y las algas y que se utilizan principalmente para equilibrar el potencial redox, neutralizar los radicales libres y limpiar los restos celulares adheridos a las paredes del sistema circulatorio. Por el momento se han identificado unos nueve mil flavonoides que se encuentran en abundancia en el té verde, las algas azules, el vino tinto, la piel interior de la naranja, el ginseng y la curcumina. El ácido elágico –polifenol protector de numerosas plantas y potente antioxidante- se encuentra en cambio en nueces y frutas (en particular en las frambuesas).
-Polianiones (heparinas y heparinoides). Son proteínas ricas en sulfatos que constituyen y regulan la matriz extracelular -funcionando como filtro para todas las reacciones de las células- que protegen las membranas celulares. Se encuentran en el agar-agar, el cartílago de tiburón y el condroitín sulfato o sulfato de condroitina, un componente natural de la matriz.
-Ácidos grasos esenciales no saturados. Principalmente presentes en algas y microalgas sirven para flexibilizar las membranas y proporcionar fluidez a los tejidos de la matriz además de modular la síntesis de prostaglandinas, unos derivados de los ácidos grasos que cumplen importantes funciones metabólicas (intervienen por ejemplo en los procesos inflamatorios y en la regulación de la temperatura corporal).
-Glutatión. Como antes mencionamos esta pequeña proteína compuesta de sólo tres aminoácidos neutraliza los agentes Terapia de Simbiosis Celular desarrollada por el Dr. Heinrich Kremer. estresantes y estabiliza el estado Redox posibilitando el medio adecuado para las reacciones bioquímicas además de participar en la regulación y contrarregulación de los linfocitos CD4 o T4. Para su aporte puede tomarse ginkgo biloba o extracto de las hojas del ginkgo. Se trata de una de las especies más antiguas de árbol –un fósil viviente- con propiedades terapéuticas asombrosas: es antioxidante, activa las neuronas, aumenta el nivel de oxígeno en sangre e incluso funciona como antidepresivo. Existen también preparados que mezclan el glutatión reducido con antocianinas que refuerzan su biodisponibilidad aumentando el efecto antioxidante.
-Aminoácidos. Más concretamente la cisteína (no esencial), la N-acetil-cisteína (derivado) y la arginina (esencial); todos ellos son componentes de numerosas proteínas y enzimas implicadas en los procesos metabólicos.
-Recuperadores mitocondriales. Son los casos de la coenzima Q-10 y de la L-carnitina. Facilitan el transporte de ácidos grasos a las mitocondrias y el funcionamiento del ciclo respiratorio en su interior además de estabilizar el equilibrio de las citoquinas que intervienen y determinan -entre otros- los cambios de perfil en los linfocitos T4.
Terminamos indicando que es importante tener en cuenta que la falta de micronutrientes –vitaminas y minerales- puede deberse a múltiples factores: exceso de radicales libres, inactividad de las mitocondrias, desequilibro de las citoquinas, influencia de estresores, agentes quimioterápicos… No es pues aconsejable caer en la simplicidad de tomar pastillas o preparados de tipo ortomolecular sin saber si padecemos déficit de esos micronutrientes. El exceso puede ser igualmente negativo. Esas sustancias deben llegar a la célula en determinadas condiciones y combinaciones pues de otro modo los filtros de las membranas impedirán su entrada salvo que se tomen en altas dosis y se fuercen así los mecanismos de seguridad. La falta de micronutrientes debe solucionarse buscando el factor o los factores que la han causado y actuando sobre ellos. Kremer resume así su posición respecto a los micronutrientes en cápsulas o pastillas: “Pueden ayudar a algunos y dañar a otros pero a la mayoría no le van a producir ningún efecto”.
En suma, para Kremer las vitaminas y minerales deben llegar a nuestro organismo sólo de modo natural como parte de los alimentos que los contienen a fin de que las células tomen sólo lo que necesitan y no se acumulen en exceso.

Jesús García Blanca



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