lunes, 28 de septiembre de 2009

JERRY MANDER : El verdadero avance de la humanidad

Autor del libro...
4 RAZONES PARA NO VER LA TELEVISION


Jerry Mander
es el director del International Forum on Globalization. En su otro libro “En ausencia de lo Sagrado” comienza haciendo un grotesco retrato del "progreso" haciendo un recorrido desde su infancia.

Poco a poco se va adentrando en la cara más oscura del "desarrollo" poniendo en tela de juicio a la tecnología e invitando al lector a adoptar un punto de vista crítico y precavido frente a las innovaciones tecnológicas que prometen acabar con los problemas que la misma tecnología ha creado.

trozo del prefacio del libro de Douglas Tompkins:

Mander trata algo tan monstruoso que es casi literalmente invisible para nosotros: cómo la "megatecnología" vacía a los seres humanos y aniquila todo lo natural.

Presenta una argumentación absolutamente incontrovertible cuyas conclusiones son, a la vez, absolutamente insoportables. ....

"La gran mayoría de la tecnología no es neutra, ni moral ni política", dice Mander, "Sino que es inherentemente explotadora, alienadora y centralizadora".

En su revisión de las tecnologías más importantes que están conformando el "nuevo orden mundial", los computadores, las telecomunicaciones, la exploración espacial, la ingeniería genética y la estructura misma de las grandes corporaciones, muestra cómo ser aún peor, una "utopía post biológica", donde la naturaleza y los humanos son irrelevantes sirvientes de las máquinas.

La televisión y los ordenadores son los principales criticados, asi como la fantasía de la escapada tecnológica frente a los problemas del mundo.

Hasta la mitad del libro uno siente desmoronarse alguno de sus esquemas y empieza a cuestionarse cosas que nunca antes se había planteado.

Es aquí donde Mander cambia totalmente de tercio y nos lleva de la mano a conocer las culturas indígenas del planeta. Comienza dándonos la sorprendente noticia de que los indígenas norteamericanos, en concreto los Iroqueses, fueron los verdaderos autores de la constitución estadounidense.

Seguimos leyendo y su descripción de los modos de vida de las tribus, empiezan a hacernos pensar que tal vez con tanto avance y tanta huida hacia delante va a resultar que en vez de progresar hemos perdido.

Pero cuando empezamos a darnos cuenta de que los indígenas tienen mucho que enseñarnos y nos emocionamos leyendo el Llamamiento fundamental a la consciencia, Mander nos pega la sacudida final y nos cuenta qué es lo que el mundo está haciendo con estas culturas milenarias de las que tenemos tanto que aprender.

Este libro es emocionante, revelador, sincero y a mi juicio indispensable. Y Jerry Mander ¿Qué decir?
"Tuve el honor de poder escucharle hablar el año pasado en las conferencias de la Casa Encendida - Los retos del s.XXI: Otro mundo es necesario - y este hombre de pelo blanco y alocado nos dejó a todos con la boca abierta y con ganas de cambiar el mundo."(Pajarosgordos’s Blog)
Frente a la irrupcion y consecuencias de lo que Mander nombra la megatecnolog­a, es necesario detenerse a reflexionar sobre la vida humana.

en ESTA AUDIO comentarios sobre sus libros escuchar AQUI

Los cambios que se ejercen en la naturaleza, en la organizacion y conceptos sobre el trabajo, la vida social, la comunicacion, la valoracion sobre las finanzas y la produccion, entre otros, nos obligan a volver a una concepcion de la vida mÃs humana.

La megatecnologi­a impulsa al consumo y al desecho. Una maquina o un producto puede estar ya obsoleto en el mismo momento en que se introduce por primera vez al mercado.
Se destinan recursos para investigaciones que NO mejoraran la vida de la mayori­a, pero que satisfacen las necesidades de grupos de poder militares o financieros.

La ruptura producida por la megatecnologi­a, sus costos y efectos crean un mundo sin sentido, sin retorno y en el cual el valor de la vida humana es tan desechable o reciclable como muchos de los productos que encontramos en los anaqueles de los supermercados.

El medio ambiente, la realidad humana, la finalidad de la economi­a o la poli­tica y el concepto de comunidad desaparecen y se profanan. No hay mÃs reglas ni leyes que las convenientes para la produccion y desarrollo de la megatecnología.

4 BUENAS RAZONES PARA ELIMINAR LA TELEVISION. MANDER, JERRY

Este es el primer libro que plantea abiertamente la imposibilidad de transformar, reformar siquiera, el medio de comunicación de masas que ha revolucionado nuestra vida cotidiana: la televisión.

SU CRITICA CONTRA LOS "MASS MEDIA" AQUI - VIDEO

Para Jerry Mander los daños corporales y mentales que la televisión produce, los peligros de control social que encierra y el tipo de realidad que nos impone son efectos propios de sus características como tecnología y son tan peligrosos que debería ser eliminada para siempre.

La televisión es tan poco “reformable” como lo son las armas atómicas en manos de cualquier ejército.

Los aciertos de Mander en su análisis del papel central de la televisión en la aceleración del consumo y de su dependencia del mercado se deben a su consideración de la tecnología como ideología. Ésta no cambia a pesar de las sofisticadas innovaciones digitales o la seducción de la interactividad.

"No duden que la TV, es el mejor medio para dominarnos. La Tv. tiene un gran poder para contar mentiras, para humillar. Le es muy facil ensuciar el espiritu" Tim Robins (director y actor que presenta actualmente la obra 1984 de Orwell)

Sobre la base de una amplia experiencia personal y profesional, y una cuidadosa investigación de los diversos aspectos del medio, el autor combina el análisis de los efectos cotidianos de la televisión con las advertencias acerca de los efectos dañinos que pueden ocasionarnos el abuso de la luz artificial, la manipulación de las imágenes y el siempre temido control de las conciencias.

El resultado es un libro de denuncia, único en su género.

Jerry Mander estudió en la Business School de la Universidad de Columbia y dirigió en la década de 1960 una importante agencia de publicidad en San Francisco hasta que comenzó a poner sus talentos al servicio del medio ambiente. En 1971 fundó las Public Interest Comunications, la primera agencia de publicidad para grupos de acción social y de política ambiental.

En la actualidad es presidente del Foro Internacional de Globalización. Ademas Jerry Mander es director del Grupo de Estudios Ecológicos del Elmwood Institute de Berkeley, director del programa para la megatecnología y la globalización en la Fundación Deep Ecology.

Autor de numerosos libros, entre ellos La ausencia de lo sagrado, The Case against the Global Economy and For a Turn Toward the Local. Y ha publicado también el libro coordinado por él y John Cavanagh Alternativas a la globalización económica.

El autor, experto en publicidad y medios, y economista de San Francisco, demuestra que los problemas de la televisión son inherentes a la tecnología misma y son tan peligrosos - tanto para la salud de cada individuo cuanto para la salud pública, el ambiente y los procesos democráticos.

Su pedagógica visión adquiere un interés y un valor adicional si se tiene en cuenta que es la de alguien que ha triunfado trabajando por y desde el “sistema” y sabe como funcionan los medios por dentro.

Su paso “al otro lado” fue paulatino: siendo presidente y copropietario de una destacada agencia de publicidad, no dudó en disolver su negocio para crear la primera agencia de publicidad y relaciones públicas sin ánimo de lucro; posteriormente, en 1977, publicaría su primer libro, Cuatro buenas razones para eliminar la televisión, en el que defiende su pionera y atrevida posición: la necesidad de erradicar totalmente la televisión de nuestras vidas.

Desde entonces se ha revelado como uno de los más acerbos críticos de la tecnología en tanto que fuerza peligrosamente homogeneizadora y determinista al servicio de los intereses del mercantilismo.

En uno de sus últimos libros, En ausencia de lo sagrado (1995), Mander nos transmite su fascinación por los pueblos tribales. Ya en los años 60 y 70 había tomado contacto con la defensa de los intereses de las tribus de Micronesia y de los indios hopis en EEUU, encuentros que le llevaron a profundizar en su conocimiento de los grupos indígenas de todo el mundo y a luchar activamente por su derecho a la existencia.

Según Mander hay unos principios básicos –extraídos de la sabiduría de estos pueblos– que nos serían necesarios para asegurar nuestra supervivencia.

entrevista:

Usted afirma que los medios de comunicación son una gran parte del problema. ¿Piensa que esos medios podrían desempañar un papel importante si los utilizásemos de manera correcta?

Creo que los medios de comunicación tienen ciertas características que no permiten que se los utilice de manera correcta. Los medios no son tan neutros como se suele pensar. La gente cree que la información que nosotros facilitamos va a tener la misma influencia que la información proporcionada por las fuerzas que controlan el sistema, pero desgraciadamente no es así.
La tecnología centralizada es más adecuada para las grandes empresas, pero es mucho más difícil que usted o yo podamos enviar un mensaje a través de ese medio. Creo también que ciertos medios de difusión, por ejemplo la transmisión de imágenes a través de la televisión, no proporcionan un sentimiento directo de la naturaleza. Más bien promueven la pasividad. No creo que sea un instrumento tan potencialmente útil como piensa la gente. Sería preferible no disponer de él.

En cuanto a Internet, me resistí a este medio durante mucho tiempo, pero sí creo que tiene mucho que ofrecer. Realmente pienso que el mundo sería un lugar mejor si Internet no existiese y si nuestra dependencia de los instrumentos tecnológicos fuera menor.
En la actualidad, la globalización de la conciencia que se desarrolla mediante la tecnología está cambiando la manera de pensar de las personas, y no necesariamente en sentido positivo.

Si tenemos en cuenta la realidad a la que nos enfrentamos, toda esa selva de la globalización, con las grandes empresas y todo ese tipo de cosas, Internet ha sido una herramienta muy beneficiosa para organizarse, resistir y dar a conocer nuestro mensaje. Es por eso por lo que debo reconocer su efectividad.

De todos modos, al margen de la utilidad que pueda tener para nosotros, no hay que olvidar el sistema global, la apropiación del espacio, los misiles nucleares, el aparato informativo, la vigilancia, los grandes intereses comerciales… las grandes empresas pueden pulsar un botón y mover 500 millones de un banco a otro.

Utilizan Internet con una habilidad, un alcance y un poder como jamás lo haremos nosotros. Es una buena herramienta para nosotros, pero es mejor para ellos.

¿Cómo es el mundo natural para el hombre indígena?

Ellos mismos son ese mundo natural. No existe diferencia entre el mundo natural y las personas, las plantas y los animales, puesto que también éstos forman parte de la familia. Se relacionan con ellos con un respeto absoluto y desde una perspectiva de plena igualdad. Están en todos sus pensamientos, en sus rezos y en sus tareas diarias. Forman parte permanente de su filosofía, de su forma de vivir sobre la tierra. La naturaleza es el principal valor de la vida.

Según estas tradiciones ¿qué lugar debería ocupar el ser humano dentro de la creación y cuál debería ser su relación con todas las cosas, animales, plantas, piedras…?

Esa relación debería estar al margen de toda jerarquía. No somos los dueños de la naturaleza: eso es lo que opina la mayoría de los indígenas. Consideran que la naturaleza es un bien común. No se creen dueños de sus tierras, no existe la posesión individual de nada. Hay una posesión colectiva de la naturaleza, puede haber pequeñas variaciones de unas comunidades a otras, pero la mayor parte de las decisiones se toman siempre de forma comunitaria y no individual.

En la conferencia que usted dio hace unos días, hablaba de la actual crisis ecológica y de cómo esta crisis forzará una transición hacia nuevas tendencias económicas y un nuevo orden socioeconómico. ¿Cómo cree que será ese futuro?

Es difícil predecir eso, pero muy probablemente será militar. La otra noche dije que todos los supuestos de la sociedad industrial, la acumulación de comodidades, el capitalismo, la globalización, están fracasando y van a estallar. Toda esa forma de vida está basada en la utilización desmedida de los recursos del planeta. La crisis del petróleo es sólo la primera de sus consecuencias: el petróleo escasea, los precios suben y su calidad empeora. Casi todo lo que nos rodea en esta sala, por ejemplo, está hecho de plástico, los coches necesitan petróleo... toda la ciudad y el mundo entero necesita petróleo para funcionar.

Y todo esto se debe a que era un recurso abundante, que hemos gastado en 50 o 60 años, y no hay nada que pueda reemplazarlo de manera efectiva. Las energías alternativas, solar y eólica, son buenas opciones pero no tienen la capacidad de sustituir, en la misma escala, la aportación del petróleo. No hay sustituto.
La única alternativa con potencial suficiente es la energía nuclear, pero es cara y plantea problemas con relación al terrorismo y los residuos. La energía nuclear suscita tal cantidad de problemas irresolubles, que nunca podrá sustituir al petróleo.
Por eso, todo el funcionamiento actual de las industrias, las cosas que utilizamos en la vida cotidiana, o las comodidades a que estamos acostumbrados como coches o sistemas de transporte, todo eso se va a acabar. Estoy seguro de ello, es sólo una cuestión de tiempo, cinco, diez... puede que veinte años. Como ya se está viendo en este momento, la crisis económica del mundo tiene su fundamento en este problema, y la situación va a empeorar.

La necesaria transición deberá orientarse en el sentido de una reducción energética. Nuestro objetivo es encontrar una fuente de energía que sustituya al petróleo y todo lo que sale del petróleo, para poder mantener el nivel de funcionamiento que tenemos ahora. Pero eso va a ser imposible, el sistema se va a desinflar. No podremos mantener el mismo ritmo y eso creará auténtico pánico. El único remedio es pasar a una economía con un consumo energético inferior y con menos necesidad de materias primas.
Hay que dejar de explotar la naturaleza para producir bienes de consumo que se venden en los mercados mundiales y que deben viajar a través de los océanos. Este transporte de productos y materiales es una de las causas fundamentales del problema.

La solución está en producir a nivel local para un uso local, es decir, reducir los pasos del proceso económico. Tradicionalmente la gente cosechaba y consumía su propia comida o se la daba a los vecinos: ése era el sistema comunitario.

Ahora ni siquiera se siembra porque las grandes empresas lo han invadido todo. Lo que era comida local son ahora flores, café o cosas que se van a exportar a varios miles de kilómetros del lugar en que se cultivan.

Y mientras todo esto ocurre, la gente se va de sus tierras, no producen alimentos, y tienen que comprarlos. Esto funcionaría si las cosas estuvieran baratas, pero no es así y además escasean. La solución pasa por la producción local y por un consumo inferior; disminuir el transporte de materiales, reducir el consumo de energía y establecer sistemas comunitarios: en definitiva, ésa será la única solución.

¿Y las ciudades?

Las ciudades tienen un grave problema, especialmente las grandes ciudades como Nueva York o incluso Madrid. Los alimentos no se producen localmente, todo se basa en el sistema energético.
El petróleo es sólo la primera dificultad.
El agua es un problema aún mayor.

España no tiene agua, el sur se está convirtiendo en un desierto y no hay agua ni siquiera en Barcelona. Todo esto que está ocurriendo lo denominamos la “triple crisis”, porque incluye tres aspectos relacionados: el cambio climático, el agotamiento del petróleo y la disminución de los recursos.
Ésta disminución incluye el agua y el petróleo, por supuesto, pero también las selvas, la fauna marina, la biodiversidad, las especies biológicas de todo tipo y minerales como el carbón, el zinc y el oro, además de otros materiales diversos de origen natural.

El sistema en su conjunto carece de los materiales básicos que precisa, lo que se combina con la “triple crisis”. Debemos ir exactamente en la dirección opuesta de la que estamos siguiendo ahora.

Los cambios que deberíamos hacer, la manera en que se debería funcionar, no es algo tan difícil de imaginar. En mi charla apunté ciertas cosas que tendríamos que hacer. La transición de un sistema a otro es lo más difícil y ahí es donde puede aparecer el caos.

Hay dos caminos: o somos conscientes y tomamos decisiones conscientes, o se impondrá la salida militar y llegaremos al fascismo.

¿Podemos entonces encontrar respuestas en la sabiduría de los pueblos indígenas, puesto que refleja la experiencia de unos seres humanos que han logrado sobrevivir durante miles de años en armonía con el medio?

Hay un proceso que seguir en esa dirección, un proceso relacionado en muchos aspectos con la vida de esos pueblos, puesto que vamos a tener que cultivar nuestra propia comida: y me refiero a nosotros, a personas como usted o como yo.

El que tenga un jardín tendrá que cultivar, no podrá utilizarlo para plantar flores. En las ciudades las gentes tendrán que hacer huertos en las terrazas o en las azoteas, y quienes viven en los suburbios tendrán que juntarse con otros vecinos y convertir los solares en granjas.

Vamos a tener que estar más en contacto con la fuente de nuestro sustento. Habrá más relaciones comunitarias, mayor cooperación, más productividad, asociaciones más próximas y economías comunitarias. Todo eso es más parecido al sistema indígena, pero no es exactamente lo mismo.

¿Hemos perdido la sabiduría?

No, la sabiduría no es algo tan complicado. En lo referente a la alimentación, podemos estudiar sus formas de vida. Pero me resisto a pensar que vayamos a convertirnos en indígenas porque ser indígena supone la integración en la naturaleza con un sentido de conexión y estabilidad, supone identificarse con ella como si de una relación familiar se tratara. Eso va a ser muy difícil; podemos observar a los indígenas e intentarlo, pero va a ser muy duro porque no nos rodea mucha naturaleza. En las ciudades es invisible y en el campo, cuando se ve el paisaje desde el tren, todo parece muy natural, pero no podría soportar a tal cantidad de gente.

Lo más importante es darnos cuenta de que hay cientos de millones de personas en el mundo que todavía tienen una relación equilibrada con la naturaleza, que están integrados y que cooperan con ella en sus tareas diarias de manera sostenible, lo que les permite una supervivencia continua.

Pensar que vamos a vivir de esa manera es contraproducente porque no podemos vivir así. Lo que podemos hacer es descubrir formas de vida sostenibles y aprender lo necesario para que la tierra nos enseñe cómo necesita que la tratemos. Está bien que otros nos enseñen eso, pero realmente sus conocimientos son muy específicamente suyos. Los indígenas de la Amazonía, por ejemplo, tienen conocimientos distintos a los del norte de Canadá. Es un contexto diferente.

¿Existen pueblos y culturas indígenas que hayan vivido durante milenios en armonía con la naturaleza y que, por voluntad propia, no hayan crecido más de lo que su entorno podía soportar?

Por supuesto; 350 millones de personas viven en relación con la tierra. No tienen crecimiento de población porque eso forma parte de su saber.

En algunos lugares no pueden tener hijos hasta los 25 años o más tarde, y en otros sitios no está bien visto tener más de un hijo.

Hay lugares donde el sistema alimenticio determina cuantos hijos se pueden tener. Son conscientes de cómo interactuar y la sociedad es consciente de los límites de su territorio.

En la Amazonía utilizan anticonceptivos y los nómadas controlan el número de hijos que tienen porque pueden suponer una dificultad para sus desplazamientos.


Entonces hay culturas que conviven con la naturaleza y que demuestran que el hombre puede vivir en armonía con ella...

Desde luego, hay muchas culturas que viven en armonía con la naturaleza. Recientemente se hace más difícil porque pocos han logrado mantenerse apartados de las intervenciones de nuestra sociedad. Por eso trabajamos tanto para aprobar la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los indígenas, que les permita rechazar ese tipo de intervención. Hasta ahora los indígenas no tenían derechos puestos por escrito para decidir si alguien podía o no entrar en sus tierras; no podían decir “aquí no se construye una presa, ni se excava en busca de petróleo; no se destruye la selva, o no se roban los minerales de la tierra”. Eso es biopiratería.

Por primera vez, tras más de 25 años de lucha, las Naciones Unidas aceptaron esa resolución llamada “Declaración de Derechos de los Indígenas”. Es un documento muy importante, aunque la mayor parte de la gente no conozca su contenido.

¿Y garantiza esa Declaración la salvaguarda de sus derechos?, ¿funciona realmente?

En la práctica, las cosas son más difíciles. Muchos países lucharon 20 años en contra de este documento, especialmente aquellos que querían explotar los recursos:

Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Inglaterra –son cinco países anglo-coloniales– y también Rusia y otros países europeos. Lucharon como fieras para que esos derechos no fueran reconocidos, lo cual nos indica que el documento sí tiene poder.

Es el mismo tipo de documento que la “Declaración de los Derechos Humanos” de la que tanto se habla. Se piensa: “eso va en contra de la Declaración de los Derechos Humanos y por tanto sería mejor no hacerlo”; es exactamente el mismo caso, aunque no tiene poder coercitivo, de modo que los militares no van a ir y proteger a nadie porque exista esa declaración.

La Declaración establece un código moral, un criterio que dice qué es correcto y qué no. Es un gran paso. Si ahora alguien intenta invadir tierras indígenas o algún país decide buscar petróleo donde haya indígenas que no quieran que entren, se puede afirmar que va en contra de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Indígenas.

¿Cree usted que el nuevo futuro del que estamos hablando pasa por la no posesión?

Creo que en el mundo indígena no hay, en general, sentimiento de posesión. Esto no es cierto de todos los sitios –y siempre pensamos en ejemplos como los mayas o los aztecas, que se parecen más a nosotros– pero la gran mayoría, el 95% de las culturas indígenas, no tiene ese sentimiento de posesión individual.

Lo tienen por ejemplo cuando construyen una casa o en relación con los objetos personales, pero en cuanto a la tierra, nadie es dueño de ella.

La posesión de los árboles y la naturaleza es colectiva y las decisiones se toman por toda la comunidad. Todo es un bien común, es decir opera de manera comunitaria. Es fundamental que eso lo aprendamos también nosotros.
Ya tenemos conceptos útiles como el de bienes utilizables de forma comunal en la Europa occidental, el concepto inglés, que puede y debe ser resucitado. Una de los grandes problemas de la globalización es que privatiza bienes comunes, convirtiéndolos en propiedad de sociedades anónimas.

Existen determinados ritos y costumbres en los pueblos indígenas que “regulan” la forma en que el ser humano debe relacionarse con la naturaleza y con el grupo. ¿Podría destacar algunos de esos códigos y sus enseñanzas para el hombre de hoy?

Su actitud es de agradecimiento hacia el Gran Espíritu. Dan gracias a los animales cuando los sacrifican e intentan crear una relación de reciprocidad entre ellos mismos y la naturaleza.

En ese sentido, creo que el actual problema con el medio ambiente refleja el problema del hombre: existe una ausencia de lo sagrado en su propia vida y en su manera de tratar a los otros. No hay sentido de la reciprocidad, que es la esencia de la vida. Para mí eso es lo que significa la trascendencia, tú perteneces a algo, eres parte de algo.

En cuanto a maneras de gobernar y a formas de hacer las cosas, hay un capítulo en mi libro (En ausencia de lo sagrado] en el que expongo que el sistema norteamericano de gobierno es una copia, una versión distorsionada de la Gran Ley de los iroqueses.

Incluye todos los aspectos de la legislatura, que los estadounidenses trataron de copiar en su Constitución. Aunque trataron de distorsionarlo un poco, muestra todos los elementos del sistema de gobierno de ese pueblo indígena.

Cuando se escribió la Constitución americana en los años setenta, Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y todos los grandes héroes de la revolución norteamericana vivían en ciudades como Filadelfia, que tenía 4.000 habitantes y estaba rodeada de millones de indios;

Nueva York tenía unos 10.000 habitantes. Todo entre Nueva York y Filadelfia eran indios. Y la ciudad de Washington tenía menos de 2.000 habitantes y algunos otro tenían que llegar a acuerdos con los indios, sentarse con ellos, hablar con ellos.

Los conocían bien y escribieron libros sobre ellos. Madison escribió libros sobre leyes indias, y Thomas Jefferson y Benjamin Franklin hacían referencias constantes a las leyes de los iroqueses. Estuvieron con ellos y las estudiaron.

No querían destruir ese código de leyes, querían aplicarlo a lo que estaban haciendo. Copiaron la manera en que una asamblea legislativa hace esto, otra hace lo otro, y así construyeron una idea global de un sistema federado que está sacado directamente de la Gran Ley iroquesa.

Los iroqueses eran seis naciones que juntas formaban una federación y esa Gran Ley regulaba la federación. Cada una de esas naciones era independiente y tenía su propio sistema legislativo, había una asamblea de mujeres y otra de hombres, y una tercera asamblea tenía otras funciones de integración. Todas las decisiones tomadas, a todos los niveles, eran fruto del consenso.

Si no se llegaba a un acuerdo en una asamblea, se seguía hablando del tema sin prisa.
Se llegaría a un acuerdo y si no, dejaban pasar el asunto. Eso sólo era un problema en caso de guerra, pues entonces había que actuar más deprisa.

Las decisiones se tomaban de manera colectiva, y, una vez tomadas, se iba a otra reunión donde se trataban otras legislaciones a nivel nacional que también tenían que ser discutidas. Todo era muy complejo pero siempre se alcanzaba un consenso. Otro libro sobre este tema es
Chiefs without Stakes.


¿Es posible que los indios sigan viviendo su cultura tradicional en estos tiempos de progreso globalizado?

Sí, siempre que existan suficientes mecanismo de protección que lo permitan. Todos aquellos que siguen vivos y viven de manera integrada prefieren que les dejemos en paz. Sólo cuando los marean empiezan a negociar y a cambiar sus maneras de ser. Es muy complicado.

Si vives en plena naturaleza y llega alguien con un rifle que puede matar un animal que está a 300 metros, eso puede parecer algo bueno.
Debes tener acceso a la tecnología para poder ver su lado negativo.

Esa pequeña cosa o la cosa que puede cortar un árbol, o la electricidad, por ejemplo, todo eso tiene evidentes ventajas la primera vez que lo ves, pero, claro está, esa primera vez no puedes hacerte una idea de todo lo que ello implica.
Naturalmente la gente pensará ¿por qué no?, ¿por qué no podríamos utilizarlo? Es la tentación inmediata. Todos están expuestos a ella, tal y como lo estuvimos nosotros. Estamos sufriendo las consecuencias y ahora empezamos a darnos cuenta de cuáles son.

En general, no se les está ofreciendo nada. Están siendo invadidos, se están cortando los árboles, se construyen carreteras y presas, en todo el mundo se están haciendo cambios físicos y eso les está afectando.

Ahora se están organizando. Se aprobó la Declaración y con ella se han obtenido algunas victorias.

¿Que puede aportar el conocimiento tradicional de los pueblos indígenas a la crisis medioambiental?

Le voy a contestar en dos partes. Primero, la pregunta es errónea. Habría que preguntarse más bien qué podemos hacer para evitar que desaparezcan. Eso es lo mejor que podemos hacer por la tierra, apoyar a las comunidades que ya viven de la forma correcta. Podemos aprender sus valores básicos, es lo que hemos estado hablando.

Actuar a pequeña escala, a nivel local, comunitario, en una integración con el medio ambiente, con sentido de hermandad para con las otras criaturas del mundo. Debemos tener un sentido de respeto y del límite, permanecer en una escala que no domine el medioambiente, mantener el sentido colectivo. Sería muy conveniente aprender de ellos y ver que todo esto es lo opuesto a lo que somos ahora. Significa que debemos aprender a tener más humildad y reconocer que no estamos haciendo las cosas bien.

Jerry Mander is director of the International Forum on Globalization (IFG), a San Francisco “think tank” focused since 1994 on exposing the negative impacts of economic globalization. Mander was trained as an economist in the 1950s (Columbia University), but his early career was as president of a major commercial ad agency, Freeman, Mander & Gossage, and then as founder of the country’s first nonprofit ad agency in 1971, Public Media Center, which ran advertising and publicity campaigns for Sierra Club, Greenpeace, Friends of the Earth, and various indigenous and antiwar groups. These campaigns included the celebrated Sierra Club campaigns (with David Brower) that kept dams out of the Grand Canyon, established a Redwood National Park, and stopped production of the Supersonic Transport (SST). During the 1980s, Mander also assisted Native Hawaiian campaigns on behalf of the Pele Defense Fund (Big Island) and the Protect Kaho‘olawe ‘Ohana.

He is author or editor of several bestselling books, including Four Arguments for the Elimination of Television, In the Absence of the Sacred, The Case Against the Global EconomyAlternatives to Economic Globalization (with John Cavanagh), and Paradigm Wars: Indigenous Peoples’ Resistance to Globalization (with Victoria Tauli- Corpuz). He has been called “the patriarch of the antiglobalization movement” (Andrew Revkin, environmental writer, New York Times, 2007). (with Edward Goldsmith),