domingo, 14 de marzo de 2010

EL HOMBRE QUE SUSURRA a los ARBOLES

¿Sus árboles están estresados? ¿No crecen como debieran? ¿Les falta alegría, lustre, fronda?

Tal vez James Conroy tenga la respuesta. Tal vez se llegue hasta su casa o su calle en Nueva York si usted le invita. Tal vez medite en silencio y ponga sus manos sobre el tronco, como si estuviera auscultando la energía del árbol. Tal vez se meta en su piel, o mejor dicho en su madera viva, e intente llegar a la raíz del problema. Tal vez inicie un diálogo inaudible con el enfermo.

James Conroy, el hombre que susurra a los árboles ( www.theTreewhisperer.com )
presume de haber curado a cientos de hermanos vegetales, usando sobre todo sus manos y su intuición, de la misma manera que los quiroprácticos o los sanadores de reiki.

Al cabo de más de 25 años como horticultor y experto en patología de las plantas, ha desarrollado su propio método –Green Centrics- para restaurar la energía a los árboles con una intervención mínima.

“A veces nos olvidamos de que los árboles tienen vida”, recuerda Conroy. “Creemos que son como rocas, que siempre han estado ahí y siempre estarán... Los árboles tienen savia y un sistema vascular. Son tremendamente sensibles a la energía, y hay muchísimos factores que les pueden afectar, sobre todo en la ciudad: la falta de espacio vital, el cambio climático, la pobreza del suelo, el daño que le causan los animales, los estropicios que provocamos los humanos”.

A los árboles se les puede tratar pues de una manera holística, o al menos eso afirma Conroy. Margaret Haas, que fue clienta suya, lo corrobora con su experiencia: “Mis tres acacias parecen haber revivido desde que se pasó por mi casa, en la calle 24. Y trató también a los árboles en los patios traseros de mis vecinos, y me hizo comprender que a los árboles no hay que aislarlos, que les gusta sentirse en comunidad... Ahí tienes los bosques”.

Conroy cobra de 250 a 400 dólares por árbol sanado, según el tamaño y la naturaleza del mal, que puede requerir varias visitas. Le llaman particulares y también para velar por el estado de los bosques y los parques, aunque su sueño sería trabajar en plazas como éstas de Union Square, donde salta a la vista que los olmos necesitan una o dos manos:

“Un árbol sano será siempre mucho más resistente a las plagas, de la misma manera que una presona con el sistema inmunológico fuerte es resistente a la enfermedad”.
Nada más poner las manos en el tronco, Conroy les pregunta íntimamente a sus pacientes... “Si sabes escuchar, te acaban dando la respuesta. Todo el mundo puede aprender a hablar con las plantas y con los árboles”.
En eso eso anda últimamente el hombre que susurra a los árboles, impartiendo clases en el sutil arte del tree whispering, porque la tierra está que arde y los bosques convalencientes no pueden esperar ( www.strengthenforests.com ).

Carlos Fresneda, corresponsal New York