lunes, 14 de abril de 2008

UN HOMBRE FELIZ


"Corriendo, he descubierto la hermosura del mundo" -Serge Girard

Tengo 54 años. Soy corredor de ultrafondo: preparo la vuelta al mundo corriendo. Vivo con mi novia, Laurie, y tengo tres hijos, Incola (32), Thomas (17) y Sebastian (15).

¿Su última carrera?

La TransEurasia, el año pasado: atravesé Europa y Asia de punta a punta.

¿De dónde a dónde?

De París a Tokio: corrí los 19.000 kilómetros que las separan.

¿En cuánto tiempo?

En 260 días y 18 horas. Sin descansar ningún día. Es el récord.

¿Cuántos kilómetros corría cada día?

De 70 a 80 kilómetros por día. Unos dos maratones diarios.

¿Cuál es la etapa más larga que ha corrido sin parar?

Una vez, entrenándome, corrí 200 kilómetros sin parar, durante 24 horas seguidas.

¿Cómo se queda el cuerpo?

Duele. Pero el cuerpo es lo de menos: no se trata de algo físico, sino mental. ¡Es la mente la que lleva al cuerpo! Una mente entrenada te reporta todo el bienestar necesario.

¿Cómo entrena la mente?

Con técnicas de sofrología. Es como tener una cómoda mental: abro un cajón y saco una foto de mis hijos; abro otro y hay un paisaje relajante; otro, hay un color... Busco, abro, visiono... y alcanzo una paz absoluta.

¿A qué velocidad corrió?

A 9 km/ hora, 20 millones de zancadas.

¿Qué comía?

Cada cuatro kilómetros, agua e hidratos de carbono: arroz, patatas, barritas energéticas…

¿Cómo dormía?

En una autocaravana, diez horas seguidas. ¡El sueño regenera las células!

¿Qué carreras había hecho antes?

He cruzado ya todos los continentes: en el 2004 hice la TransÁfrica; el 2001, la Trans-Sudamérica; en 1999, la TransAustralia; y en 1997, la TransUSA, mi primera carrera transcontinental, cuando tenía 44 años.

¿Y antes de eso, qué?

Nada. No corría. Yo era asesor financiero.

¿Y qué mosca le picó?

Cosas personales que prefiero no explicar.

¿No? ¿No puede explicarme nada?

Lo que importa saber es que tomé conciencia de que mi vida no me satisfacía, de que no era feliz. Y decidí darle un giro.

¿Había enterrado sus sueños?

De niño soñaba con dar la vuelta al mundo. ¡Nunca imaginé que lo haría corriendo, ja!

¿Por qué se dedicó a las finanzas?

Yo creía que la felicidad estaba en el dinero y el lujo. ¡Viví 40 años equivocado! Hoy sé que la felicidad está en la sencillez.

¿Ha cambiado mucho su vida?

Ahora soy muy feliz. Cada mañana me despierto y pienso: "Qué suerte, ¡ahora voy a correr!". Y así he descubierto la hermosura del mundo y lo hermosa que es la gente.

¿Y corriendo se descubre eso?

Pues sí, sí... Correr tanto tiempo modifica la química cerebral, y todas las percepciones, sentimientos y emociones se te agudizan.

¿Cuál es su mejor recuerdo?

En África, por el calor, empezaba a correr a las tres de la madrugada, hasta el mediodía. La noche africana es tan sensual... Los olores, los sonidos, el primer rayo de sol, su primera chispa... ¡Es un grandioso placer!

¿Tiene ocasión de trabar amistades?

Un pastor somalí me dijo un amanecer: "Buenos días, ¿cómo está la familia?". Fue tan sencillo, tan verdadero, tan intenso... Duró un segundo ¡y siempre irá conmigo!

¿Qué momento ha sido el más duro?

Los 55 º C en el desierto de Australia. Me puse guantes, me cubrí toda la superficie de la piel para no tener quemaduras.

Le habrá pasado de todo...

He corrido a 4.800 metros de altitud, en los Andes, y lo peor fue descender al Amazonas: ¡millones de mosquitos me comieron durante cuatro días! Aquí de nuevo tuve que cubrirme todo el cuerpo...

¿Alguna vez ha pensado: "Abandono"?

Nunca.

¿Qué le dicen sus hijos?

Están orgullosos.

¿A qué corredor admira más?

Al etíope Haile Gebrselassie, ¡porque siempre sonríe! No comprendo a los atletas enfadados. Siempre pienso: "Si esto no te hace feliz, ¿por qué estás haciéndolo?".

¿Corre usted solo?

Sí. A veces se me une alguien, un ratito. Bueno, una vez corrió cinco días seguidos conmigo un chino, en medio de China.

¿Se entendían?

He descubierto que todos los seres humanos nos entendemos sin necesidad de saber idiomas. ¡He descubierto que el planeta está lleno de gente sencilla y buena!

¿Qué más ha descubierto?

Que lo que consigues sin esfuerzo no vale nada. El esfuerzo insufla valor a todo. Sin reto, sin emoción, nada tiene gracia.

¿Cuál es su próximo reto?

El año que viene empiezo la vuelta al mundo corriendo.

¿Al mundo? ¿Ya ha aprendido a correr sobre las aguas?

¡Aún no! De Australia a Chile tomaré un avión, para llegar más o menos a la misma hora del mismo día en que despegué, de modo que no dejaré de correr ni un día.

¿En cuántos circundará este planeta?

En 500 días, a 80 kilómetros al día: 40.000 kilómetros, ¡como correr mil maratones!

¿Qué será lo peor?

La línea de llegada. Significará que todo ha terminado. El día más feliz será el de la partida. ¡Sueño con ella cada noche!

Pero Serge: tanto correr... ¿para qué?

Para medirme conmigo mismo.

Mide 1,77, pesa 60 kilos, luce buen color de piel y un aspecto jovial, siempre sonriente. Se lanzó a cruzar continentes a los 44 años, y sigue corriendo. Se define como "navegante de costa a costa de un océano de tierra", y afirma que correr le ha expiado, purificado, y que ahora cree en Dios. Habla con suavidad y convicción, y su determinación resulta muy estimulante. Corre como podía haber hecho otra cosa, pero resalta que ha descubierto que "el máximo éxito es el autodominio"