lunes, 30 de julio de 2007

Algunas ideas del economista Nicholas Georgescu-Roegen

Bioeconomía básica - (ademas usando el sentido comun)

Georgescu-Roegen es el padre de la Economía-Ecológica, en el que la Termodinámica, y con ella el Segundo Principio juega un papel fundamental. Nosotros (unos cuantos ingenieros termodinámicos de todo el mundo) contribuimos a crear la Termoeconomía que es una herramienta para la mejora y optimización de los sistemas energéticos y que se basa en la aplicación sistemática del Segundo Principio utilizando las ideas de coste y eficiencia.



Sería necio proponer una renuncia total a la comodidad industrial. La humanidad no regresará a las cuevas o, mejor dicho, a los árboles, pero hay ciertos puntos que se pueden incluir en un programa bioeconómico mínimo.

Primero, debe abolirse por completo la producción de todos los instrumentos de guerra, no sólo la guerra misma.

Es en extremo absurdo (y también hipócrita) seguir cultivando tabaco si declaradamente nadie pretende fumar.
Las principales naciones productoras de armamentos pueden lograr un consenso en torno a esta prohibición sin mayores dificultades si, como afirman, también poseen la sabiduría para dirigir a la humanidad. ..
Abandonar la producción de todos los instrumentos de guerra no sólo eliminará las matanzas masivas con armas ingeniosas; también liberará una buena proporción de fuerzas productivas que se podrán destinar a la ayuda internacional sin reducir el estándar de vida de los países correspondientes.



Segundo, con estas fuerzas productivas así como con medidas bien planeadas y de buena fe se debe ayudar a las naciones subdesarrolladas a lograr lo más pronto posible condiciones buenas (no suntuosas) de vida. Ambos extremos del espectro deben participar realmente en los esfuerzos requeridos por esta transformación y reconocer el imperativo de un cambio radical en sus polarizados puntos de vista sobre la vida [11].


Tercero, se debe reducir en forma gradual la población mundial hasta alcanzar un nivel en que la humanidad toda se pueda alimentar adecuada y exclusivamente con productos agrícolas orgánicos [12]. Sobra señalar que las naciones que ahora tienen un alto crecimiento demográfico deberán realizar grandes esfuerzos para tener logros lo más pronto posible en esta dirección.


Cuarto, hasta que el uso directo de la energía solar se convierta en una realidad generalizada o se logre la fusión controlada, todo gasto de energía (por sobrecalentamiento, sobreenfriamiento, velocidad o iluminación excesivas, etc.) se debe evitar a toda costa y si es necesario legislar al respecto.


Quinto, nos debemos curar de la mórbida sed de poseer lujosos aparatos, espléndidamente ilustrados por un artículo tan contradictorio como el carrito de golf, y del ansia de esplendores tan gigantescos como automóviles para dos garajes. Cuando hagamos eso, los fabricantes dejarán de manufacturar esos "bienes".


Sexto, debemos también eliminar la moda, "esa enfermedad de la mente humana", como la llama el abad Ferdinando Galiani en su celebrado Della moneta (1759).
Es verdaderamente una enfermedad de la mente tirar un abrigo o un mueble cuando aún pueden desempeñar su propósito específico, pero obtener un auto "nuevo" cada año y remodelar la casa cada dos es un crimen bioeconómico.

Otros autores han propuesto que se elaboren bienes que duren mas, pero es aún más importante que los consumidores aprendan a rechazar la moda;

sólo entonces los fabricantes se preocuparán por la durabilidad.


Séptimo, y muy relacionado con el anterior, es preciso ampliar la vida útil de los bienes duraderos con diseños que permitan repararlos (Una analogía plástica de hoy día es que, en muchos casos, tenemos que tirar un par de zapatos sólo porque se ha roto una suela.).


Octavo, - respecto al tiempo libre - ..en obligada armonía con los pensamientos anteriores, nos debemos curar de lo que he designado el "circúndrome de la máquina de afeitar ": afeitarse más rápidamente para tener más tiempo para trabajar en una máquina que afeite con mayor rapidez para tener más tiempo para trabajar en una máquina de afeitar aún más rápida, y así ad infinitum.

Este cambio exigirá una gran cantidad de retractaciones por parte de todas esas profesiones que han embaucado al hombre en esta vacía regresión infinita.

Debemos llegar a comprender que un requisito previo importante para una vida buena es disponer de una cantidad considerable de ocio empleado de manera inteligente.


...Consideradas sobre papel, en abstracto, las recomendaciones anteriores en conjunto serían razonables para cualquiera dispuesto a examinar la lógica en que descansan. Sin embargo, desde que me interesé en la naturaleza entrópica del proceso económico he tenido en mente un pensamiento:
¿la humanidad hará caso de un programa que implique limitar su adicción a la mal entendida "comodidad" ?
Tal vez el destino del hombre sea vivir una existencia corta pero "apasionante", excitante y derrochadora, más que una vida prolongada, tranquila y vegetativa. Que otras especies (las amebas, por ejemplo) sin ambiciones espirituales hereden una tierra aún bañada en abundancia por la luz del Sol......



Referencias

Artin, Tom (1973) Earth Talk: Independent Voices on the Environment (Nueva York, Grossman)

Daniels, Farrington (1964) Direct use of the Sun's Energy (New Haven, Yale University Press)

Georgescu-Roegen, Nicholas (1969) Process in Farming versus Process in Manufacturing: A problem of Balanced Development (Economic Problems of Agriculture in Industrial Societies, Ugo Papi y Charles Nunn, comp. Londres, Macmillan; Nueva York, St. Martin's Press, pp. 497-528)

Georgescu-Roegen, Nicholas (1966) Analytical Economics: Issues and Problems (Cambridge, Harvard University Press)

Georgescu-Roegen, Nicholas The Entropy Law and the Economic Problem (Reimpreso en este volumen)

Georgescu-Roegen, Nicholas (1971) The Entropy Law and the Economic Process (Cambridge, Harvard Universty Press) (Hay traducción española: (1996) La Ley de la Entropía y el proceso económico (Madrid: Fundación Argentaria - Visor Dis.) )

Guillete, Robert (1972) Nuclear Safety: Damaged Fuel Ignites a New Debate in AEC (Science, 28 de julio de 1972, pp. 330-331)

Guillete, Robert (1972) Reactor Safety: AEC Concedes Some Points to Its Critics (Science, 3 de noviembre de 1972, pp. 482-484)

Glaser, Peter E. (1968) Power from the Sun: Its Future (Science, 22 de noviembre de 1968, pp. 857-861)

Gofman, John W. (1972) Time for a Moratorium (Environmental Action, noviembre de 1972, pp. 11-15)

Hammond. Allen L. (1971) Solar Energy: A Feasible Source of Power? (Science, 14, mayo de 1971, p. 660)

Hibbard, Walter R. Jr. (1968) Mineral Resources: Challenge or Threat? (Science, 12 de abril de 1968, pp. 143-145)

Hubbert, M. (1969) King Energy Resources (Cloud Preston, comp., Resources and Man, San Francisco, W.A. Freeman, 1969, pp. 157-) 242

Maddox, John (1972) The Doomsday Syndrome (Nueva York, McGraw-Hill)

Novick, Sheldon (1974) Nuclear Breeders (Environment, julio-agosto de 1974, pp. 6-15)

Sprout, Harold y Margaret Sprout (1974) Multiple Vulnerabilities, mimeo (Research Monograph, núm. 40, Center of International Studies, Princenton University)

Weinberg, Alvin M. (1972) Social Institutions and Nuclear Energy (Science, 7 de julio de 1972, pp. 27-34)

Weinberg, Alvin M., y R. Philip Hammond Limits to the Use of Energy (American Scientist, julio-agosto de 1970, pp. 412-418)


Una entrevista con Nicholas Georgescu-Roegen

Antonio ValeroCIRCE (Centro de Investigación del Rendimiento de Centrales Eléctricas)
María de Luna, 3 50015 Zaragoza

En Noviembre de 1991, un colega americano y yo fuimos a visitar a D. Nicholas Georgescu-Roegen a su casa de Nashville.

El había sido profesor de la Vanderbilt University y ya estaba retirado. Vivía en una casa tipo chalet americano enorme y lo más curioso era que tenía toda la casa llena de libros abiertos y desperdigados por muchas mesas, lo que denotaba su intenso trabajo.

Aún vivía su mujer, muy discreta, no tenía buena salud. No me termino de imaginar al gruñón de D. Nicholas sin la ayuda de su mujer ya que realmente se veía que la necesitaba, y estaban solos en aquella casa perdida en una urbanización dispersa.
Hacía unos años (1986) que yo había publicado la Teoría del Coste Exergético y me di cuenta que utilizar el Segundo Principio para aproximarnos conceptualmente a la Economía obtenía unos resultados que filosóficamente ya estaban descritos por D. Nicholas Georgescu-Roegen a principios de los 70 en su libro La ley de la Entropía y el Proceso Económico, cuya excursión intelectual fue la opuesta, acercarse desde la Economía al Segundo Principio.



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