martes, 14 de junio de 2016

Krafft A. Ehricke - El Imperativo Extraterrestre

 El Momento Culminante - Krafft A. Ehricke 

DARWIN NO PODRIA NI DE LEJOS  VISLUMBRAR ALGO ASI -
Una idea mas profunda de lo que parece a primera vista:

"La tierra es la cuna de la humanidad, 
pero no vivimos siempre en la cuna"
Ciudades en la órbita terrestre
Nota de Junio 1961

Krafft A. Ehricke ayudó a desarrollar el proyectil balístico alemán V-2 durante la Segunda Guerra Mundial. En 1954, se hizo ciudadano de los Estados Unidos, después de servir en el programa de desarrollo de proyectiles dirigidos de dicho país. Actualmente, es director del programa de vehículos siderales Centaur, de la General Dynamics Corp.


El Momento Culminante

EL HOMBRE ES UNA CRIATURA PLURIDIMENSIONAL, a un mismo tiempo favorecido y menoscabado con una existencia que se extiende tanto en el reino material como en el reino espiritual. De este doble enfrentamiento obtiene un don de sensibilidad superior al que poseen los demás seres vivientes que conocemos.
No obstante ser ello así, un examen crítico de la sobresaturada vida de excitación que hoy conducimos, nos demostrará palmariamente que son pocos los momentos de emoción dotados de genuina importancia y de real trascendencia, en la vida de cada uno.

Si amplío ese "momento" hasta cubrir varios meses, siempre breve espacio en toda una vida, puedo entonces discurrir sobre lo que considero mi momento culminante, a saber: el breve período de mi juventud en que obtuve el sentido de una misión para mi vida. Junto a la vida misma es ése el don más precioso que se puede recibir. Es el nacimiento espirítual que sigue al material; la sensación electrificante de haber tocado el privilegio de ampliar las fronteras humanas un breve trecho. Me aconteció con fuerza inesperada en 1929-30 en mi duodécimo año de vida.

La secuencia de los hechos conducentes al cambio, fue simple. Estando en mi ciudad natal, Berlín, asistí al estreno mundial del profético film de fantaciencia: "Una Niña en la Luna." El Profesor Oberth, uno de los verdaderamente extraordinarios pioneros de los vuelos especiales, colaboró en ella como asesor científico. En la Navidad de 1929, recibí mis primeros libros sobre astronomía y vuelo espacial, y recibí también un pequeño telescopio astronómico. Con esos elementos y con el ánimo dispuesto, amplióse mi visión.

Hacer que mi mente penetrara en las simas del espacio, desde la superficie selénica hasta las remotas galaxias, fue una maravillosa experiencia primera. Se abrió a mi mente el potencial grandioso de la humanidad señora del espacio, y por intuición sentí en un comienzo que la edad técnica, en la que me tocara nacer, sería capaz de cristalizar ese sueño. Antes de que el año 1933 llegara a su término, decidía yo firmemente consagrar mi vida a la misión de procurar que el ser humano expandiera su alcance hasta las regiones espaciales.

Rememoro ese episodio con una intensa sensación de humildad, y de deber. En los sucesivos años fue esa decisión la guía de mi trabajo; la inspiradora de una fe firme en el destino cósmico del hombre, y me brindó las armas para persistir en la demanda y superar las adversidades personales opuestas al objetivo. Los años se ampliaron a décadas, pero ese momento permanece constantemente en mí, y se niega a transformarse en un pasado remoto envuelto en las nieblas de los años pretéritos que se han vivido ya.

Si hacemos un análisis de las emociones que hemos vivido, ¿qué cosa puede haber más excitante que aquel conocimiento de sí mismo que ha obtenido al transformarse en carne propia la poderosa convicción de que se tiene ya una misión a cumplir en la vida?

Puedo asegurar al lector, sin temor de equivocarme, que en todo el decurso de su vida no experimentará tan serenamente y con tan legítimo orgullo la sensación de ser el amo y señor de su propio destino, como en aquel sensible momento, en aquel conjunto de convicciones y circunstancias en el cual se entregue y consagre su vida a la causa de trabajar al servicio de un ideal que posea dimensiones superiores a las de sí mismo.

Para Ehricke, el "imperativo extraterrestre’’ era una expansión natural del proceso evolutivo de la Biosfera misma, en el cual se superan los límites físicos existentes, así como los supuestos recursos limitados y las escaseces. 

"Si queremos sacar a la humanidad de su manera de pensar lineal y monetarista, no existe mejor manera que con un viaje tripulado al espacio, porque inspira al espíritu y a la imaginación’’.

"Este programa hubiera avanzado si el Presidente Kennedy no hubiese sido asesinado, y hoy el planeta sería un lugar totalmente diferente si hubiéramos continuado con su programa.

Hace tiempo hubiéramos solucionado todos los problemas en La Tierra, porque los logros a través de esta investigación fundamental hubieran sido enormes.

De tal manera que por cada céntimo que se invirtió en el programa espacial de Estados Unidos hubo una ganancia de 14 centavos en la economía civil. Por lo tanto no se trató de una extravagancia, sino al contrario, a través del estímulo de estas nuevas tecnologías revolucionarias la productividad en todos los sectores se incrementaría enormemente’’.

Ehricke tenia un detallado plan para la construcción de una ciudad en la Luna, que se convertiría en la plataforma de lanzamiento y la base de abastecimiento para la exploración de Marte y mas allá.

Sin embargo, para lograr esto, tenemos que desarrollar el transporte impulsados por energía nuclear, de manera que el viaje a Marte tome, no 200 días, como sucedería con las tecnologías actuales, sino solo cinco días. Esto implica que hay que desarrollar la energía de fusión, y la economía de isótopos, lo cual, naturalmente, contradice la idea de la limitación de los recursos y la escasez, que se vende en los mercados financieros.

MAX PLANCK - GESTALT - EL ESPIRITU - MARTE - ALMA - PSICOLOGIA ---------o

 ¿Cómo podrían cientos de miles de personas vivir no meramente en el espacio, sino vivir con estilo? Guiados por Gerard O'Neill, un físico de la Universidad de Princeton y diseñador de colonias espaciales, los estudios de la NASA mostraron que las colonias "podían ser lugares maravillosos para vivir; del tamaño de una ciudad de la costa californiana y provistas de actividades recreativas basadas en la ingravidez, vistas fantásticas, libertad, muchísimo espacio para moverse y una gran abundancia".

"Con el tiempo", continúa Al Globus, encargado de la página de la NASA sobre colonización espacial, "veremos cientos de miles de establecimientos espaciales en órbita por el Sistema Solar solamente".

Es difícil imaginarse que el proyecto progrese bajo el reinado del actual administrador de la NASA Mike Griffin, cuyas acciones han sido menos visionarias que su retórica, pero todavía tenemos estos magníficos diseños, suspendidos entre el sueño y la practicidad, esperando por alguien que los haga realidad.


Imágenes: Cortesía de Arte de las colonias espaciales (NASA). Vistas interiores de colonias cilíndricas y toroidales, y de un corte esquemático de una Esfera de Bernal, respectivamente. Hay muchas más imágenes —y en distintas resoluciones— en la página enlazada.

Fuente: Brandon Keim para Wired (enlaces en inglés).

Nota: Leí el libro de O'Neill en los '80 y en aquel momento me pareció pura fantasía —sigo pensando lo mismo—:
los enormes problemas de ingeniería planteados por estas estructuras inmensas se resolvían casi de inmediato, los costos eran ínfimos y cualquier dificultad era minimizada.

Por otro lado, creo que una condición para que haya mucha gente dispuesta a vivir en colonias espaciales es que la calidad de la vida en la Tierra sea realmente mala, esto es, peor a vivir encerrado en una prisión, aunque sea inmensa o también, comparativamente, de lujo. De todas maneras, alguien podría pensar al mirar las noticias que no falta mucho para que la vida en la Tierra se degrade bastante. Pero tampoco esto último es condición suficiente porque, en realidad, falta muchísimo para que las colonias espaciales de ese tamaño sean una realidad —si es que alguna vez lo son—: volviendo al tema de la primera línea, vivir en el espacio es mucho más difícil de lo que se creía en los '70.